Cuba

Cubanos residentes en Chile reclaman libertad para su país en medio de las protestas que han sacudido a la isla vecina. >Esteban Félix/AP

La libertad, como la verdad, es relativa. La libertad de pensamiento, es una de las más fundamentales aspiraciones que choca continuamente dentro del entorno sociopolítico y económico.  La libertad de pensamiento está ceñida, a la vez que podría estar reñida, con la camisa de fuerza ideológica que perpetúa dicha noción. Irónicamente, los aparatos ideológicos del Estado son tan efectivos que propagan el convencimiento de hacer pensar que el ser humano es “libre” cuando reproduce el mandato de las formas y maneras de la plantilla de pensamiento que garantiza el estatus quo. En distintos sistemas económicos, sociales y políticos, la “libertad” se construye para cimentar su “verdad”.   Cómo se logra el mejor balance de la entrega de su libertad individual para respetar la dignidad del ser humano en función del bien común, es un desafío que va de la mano del sentido de justicia para todos y todas por igual. Sin embargo, dicho fino equilibrio se derrota en un sistema discriminatorio por razón de creencias políticas, clase social, raza, género, religión, entre otros criterios.

La sumisión que se logra mediante mecanismos de represión pretende controlar la resistencia para perpetuar los distintos sistemas políticos; algunos más temidos que otros. La represión toma formas variadas.  Algunas modalidades incluyen desde la detención, tortura y ejecución sumaria, o con rostros menos conspicuos, como el ostracismo, mordaza, negación a la subsistencia económica, para obstruir la participación activa que logre retar el estatus quo. La polarización entre visiones ideológicas para promulgar el orden social se bate entre posturas políticas y económicas fundamentadas en el bien común vs. el individualismo.

 Una de las opciones económicas promueve la producción en el sector privado que se alimenta del consumismo sostenido por la explotación de la fuerza trabajadora produciendo riquezas para el dueño del capital.  En otro sistema económico se nacionalizan los medios de producción en aras de la redistribución de las riquezas de forma más equitativa para lograr alcanzar el bienestar común. La libertad de pensamiento, como pegamento para sostener el ideal económico de la mano del sistema sociopolítico de predilección, ideológicamente define en función de qué y en beneficio de quién se toman las decisiones en el ejercicio del poder político. Como corolario, en un escenario óptimo, la libertad de pensamiento debe ser garante de derechos humanos fundamentados en el respeto a la vida, acceso a alimento y techo seguro, en contra de la esclavitud y prohibiciones que limiten la libertad de expresión, movimiento, asociación, culto, entre otros. Como tal, la libertad de pensamiento viabiliza la fiscalización para frenar los abusos de quienes violentan la dignidad del ser humano. El problema es que todo ello depende de la subjetividad a partir de la construcción social de la realidad.  Si no hay propósito de enmienda por parte de quiénes definen qué constituye el respeto a la dignidad, se desploma la buena voluntad que debe regir el bien común.

Es de esperarse que el grito de “libertad para Cuba” cala en la conciencia del exilio cubano, que se resistió a un cambio revolucionario para arrancar de raíz un sistema económico que les privilegiaba, en detrimento de otros sectores. Mientras disfrutaba de su opulencia, ensimismado, el sector privilegiado se hacía de la vista larga de sectores que padecían de carencias básicas.  Es innegable que el cambio sociopolítico y económico para poner en vigor la aspiración de una redistribución más justa de riquezas, ha enfrentado serios retos para subsanar la pobreza; ya sea por fallas sistémicas internas o bloqueos al comercio internacional.  El bienestar común se limita si no hay acceso al alimento y techo seguro para todos(as) por igual. Por ende, con o sin intervención del exterior, el malestar social frente a las penurias es de esperarse.  Dicho grito de “libertad para Cuba”, debiese rasgar la conciencia de favorecedores de la Revolución Cubana, para examinar concienzudamente, las fallas que al día de hoy no se han subsanado.

Tampoco se puede caer en “ver la paja en el ojo ajeno, sin mirar la viga en el propio”.  Las “democracias” capitalistas en que la rotación electoral en las urnas se supone garantice un cambio de mando pacífico, tampoco están exentas del temido enemigo del autoritarismo tiránico.  La ideología despótica también se puede apoderar de una mayoría que perpetúa con mano férrea el discrimen por razón política, clase social, raza, género, culto, entre otros.  En fin, no podemos dejarnos llevar por la marea o por como sopla el viento, sin que se examine el contexto del texto elaborado para evitar ser entrampados(as) en el pretexto.