José Luis Dalmau Santiago

La iniciativa convocada por el presidente del Senado, José Luis Dalmau, para crear una mesa de diálogo sobre el tema del estatus político comienza a tomar forma tras la respuesta afirmativa de todos los partidos políticos para integrarse a dicho esfuerzo.

La respuesta - aun con todas las objeciones y reservas - era la única opción responsable. Y lo era porque hubiese sido una enorme contradicción negarse a dialogar sobre un tema tan importante, después de pasarse toda la vida reclamando la atención al tema del estatus.

La mesa de diálogo y acción es una iniciativa loable que llega en un momento muy oportuno, luego de conocerse que la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes federal ha pospuesto hasta el próximo año la consideración de los proyectos presentados por el congresista Darren Soto - que propone un acta de admisión como estado - y de las congresistas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio-Cortez, que propone una asamblea de estatus entre la estadidad y lo que el Departamento de Justicia federal llama las “diversas modalidades de independencia”.

Todos sabemos que ambos proyectos - como están redactados - no tienen la más mínima oportunidad de ser aprobados en el Congreso ni obtener la firma del presidente Joe Biden en el año en que se celebran elecciones congresionales.

Pero aun si ocurriera el milagro, las posibilidades de que la mayoría parlamentaria del Partido Popular Democrático (PPD) apruebe una ley habilitadora - que implemente una consulta federal sin el Estado Libre Asociado (ELA) en la papeleta - es igual a cero.

Así las cosas, la iniciativa de la mesa de diálogo del presidente Dalmau se convierte en el único instrumento con alguna posibilidad de obtener resultados, siempre y cuando los líderes de los partidos políticos establezcan unos acuerdos razonables que les permitan remar en la misma dirección, hasta donde les sea posible.

Los temas a considerar son muchos. Sin embargo, lo más prudente es brindarle el espacio necesario al grupo de líderes para que establezca un curso de acción sosegado que le permita trabajar al unísono.

Para los partidos, el escenario también podría ser determinante en el futuro electoral.

Llama la atención que sea el PPD el que, nuevamente, se tome la iniciativa de convocar a los demás partidos a discutir el estatus, cuando sus opositores se la pasan acusándolo de ser un partido inmovilista.

Ciertamente, la movida del presidente Dalmau es una arriesgada porque el tema del desarrollo del ELA es el asunto de mayor controversia dentro del PPD. Quizás otros hubiesen preferido no hacer nada y pasar ante la historia preocupándose por el asunto en vez de ocuparse de ello.

Evidentemente, el también presidente del PPD decidió enfrentar el principal obstáculo para reunificar al partido camino a las elecciones de 2024 y resolver de una vez el eterno debate sobre el futuro del autonomismo.

En el caso de Partido Nuevo Progresista (PNP), el escenario es uno mixto porque, por un lado, comienzan a salir algunas voces dentro del PNP que afirman que - al aceptar la invitación - han admitido de manera implícita que el voto por la estadidad ha caducado, y otros ven esta iniciativa como una gran oportunidad para iniciar una presión adicional ante el Congreso para que responda sobre una petición de estadidad, pero ahora desde una óptica multisectorial que podría darle mayor fuerza a ese reclamo.

Para el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) - contrario a lo que muchos piensan - la discusión del tema del estatus en este momento no es algo que buscaba. Y no lo es porque este tema altera significativamente la estrategia de su principal líder, Juan Dalmau, quien lleva varios años procurando el aval de los electores fuera del PIP, afirmando que un voto por él no es un voto por la independencia.

Su mensaje - si bien rindió frutos en la pasada campaña - colocó el discurso histórico del PIP en una insalvable posición de parecer que prefiere administrar el ELA en vez de adelantar la independencia.

Entonces nos quedan Movimiento Victoria Ciudadana y el Proyecto Dignidad; ambos partidos que no endosan fórmulas de estatus específicas, ya que prefieren limitarse a la discusión de los mecanismos procesales, que es la parte simpática de la ecuación. El tiempo dirá cuán efectivos o inoficiosos serán bajo este nuevo tablero electoral.

Por lo pronto, el diálogo inicial será una realidad y, de seguro, el País observará con detenimiento la forma en que los partidos actúen en relación con este asunto. La responsabilidad recae ahora en el liderato político, que puede crecerse ante la historia, dejando una huella imborrable o, por el contrario, puede cancelar este esfuerzo que lo único que lograría es quedarnos donde estamos y eso significaría que el ELA se queda, sin contar un solo voto.