Huracán Fiona: Cabo Rojo

El evento atmosférico del fin de semana y las discusiones públicas alrededor del mismo nos obligan a reflexionar respecto a aspectos de nuestra sociedad sobre los cuales todos debemos promover su modificación. Al igual que en eventos en el pasado, se dedicaron cientos de horas y millones de palabras a definir, señalar, indicar o defender si el “gobierno” estaba preparado o no para el paso de Fiona. Dicha realidad sociológica o cultural aquí en Puerto Rico es reducto de una mayor: El sentimiento puertorriqueño de que alguien nos va a salvar o que alguien hará lo necesario por nosotros.

Durante décadas, estuvimos bajo la leyenda de que el Yunque en su majestuosidad bloquearía cualquier huracán. Hasta serigrafías se mercadeaban en cuadros y camisetas de una imagen de El Yunque —la cual se parecía más al árbol de la película española, Un monstruo viene a verme, que a la montaña— con sus grandes manos atajando un huracán. Ni hablar del pase de comedia del personaje de don Miguel Agrelot —Don Cholito — en el que ante el aviso de un huracán él se encargaba de mandar a activar el “tubo que chupa” que desviaba el fenómeno atmosférico que fuese. No podemos dejar al margen de ello a líderes religiosos, que en un discurso egocentrista, como si fuéramos el pueblo elegido en preferencia sobre los que componen las demás islas del Caribe oriental, constantemente nos repiten que somos un pueblo bendecido y que por eso Dios nos protege de los huracanes. En ese aspecto, siempre lo más difícil para las autoridades gubernamentales y meteorológicas de ordinario ha sido convencer a la ciudadanía respecto a los riesgos a la seguridad que ese tipo de eventos suelen generar y la necesidad de tomar las precauciones de resguardo relacionadas con los mismos.

Yo pensé que tras el paso del huracán María hace cinco años, esa percepción generalizada en nuestra sociedad cambiaría. Sin embargo, el fin de semana anterior nos ha demostrado que todo sigue igual. El diseño de la opinión pública, a través de medios tradicionales o alternativos como las redes sociales, continúa centrado en el gobierno y no en el ciudadano. La frase acuñada en la diatriba política local fue: “El gobierno no está preparado para enfrentar el huracán”. Por su parte, los miembros del ejecutivo gubernamental repetían a lo papagayo que sí están preparados.

Como suele suceder en Puerto Rico en todos los demás temas y asuntos, se daba mayor o menor validez a esos planteamientos dependiendo a la tribu política a la que perteneciera el interlocutor. No podían faltar las absurdas medidas populistas, como las llamadas congelaciones de precios, mediante las cuales una caja de agua que el día anterior estaba marcada a $3.99, con la congelación de precios se marcaba a $4.09, y ni hablar de la tan mentada “Ley Seca”.

Al fin y a la postre no hemos aprendido la lección más importante: El gobierno nunca ha estado preparado y nunca estará preparado para enfrentar fenómenos atmosféricos a gran escala. Como cuestión de hecho, más allá de la coordinación de algunos aspectos relacionados con proveer la información actualizada de las condiciones del tiempo y las zonas de tiempo en las que se esperan las mismas, así como proveer refugios a los que más riesgos y exposición tengan, junto con algunos asuntos de seguridad —porque siempre habrá algún delincuente que quiera aprovechar la situación— el gobierno no tiene obligación de hacer nada más de cara a un fenómeno de este tipo. Otro tema es la respuesta posterior al paso del sistema, el que tocaremos próximamente.

Es tiempo ya que comencemos a darnos cuenta de que vivimos en una isla en el Caribe que queda justamente en medio de la autopista de los fenómenos atmosféricos de este tipo que se desarrollan en el Atlántico oriental y que en su movimiento natural de ordinario se avecinan a nuestro territorio.

Por ende, desde antes del 1ro de junio de cada año, cuando comienza la temporada de huracanes, debemos revisar nuestros planes de preparación e ir surtiendo poco a poco las reservas de lo necesario y contingencias ante el posible paso de un huracán. En los países al norte, todo el mundo realiza esos preparativos para las nevadas severas o tormentas de nieve, sin pensar de antemano si sus gobiernos estarán listos o no.

Aquí lo tenemos que hacer para los huracanes junto a nuestro entorno familiar y vecinal más cercano. Teniendo siempre claro de que nadie lo hará por nosotros.

Recibe más información sobre esta y otras noticias. Pulsa aquí si eres usuario de Android o de iPhone.