Economía

Desde los años setenta, la economía de Puerto Rico ha estado creciendo a un ritmo decreciente. A partir del año fiscal 2007, ese crecimiento económico menguado se convirtió en negativo y, con excepción del año fiscal 2012, la economía de la Isla se ha estado contrayendo.

El análisis de esa crisis económica ha estado prácticamente ausente del diálogo público. En su lugar, durante todos estos años, cuando se han esbozado argumentos económicos casi siempre ha sido para disfrazar la discusión, fundamentalmente incorrecta, del estatus.

Recientemente se han observado varios indicadores económicos positivos. Estos, sin embargo, son el resultado de una inyección de fondos temporera y de problemas de medición, y no reflejan el crecimiento económico sostenible que necesita nuestra isla.

Ante toda esta realidad, la Junta de Supervisión Fiscal y el gobierno han estado en pugna por asuntos que, aunque de gran importancia para ciertos sectores, no atienden los problemas fundamentales que sufre Puerto Rico. A esos efectos, a continuación ofrecemos seis ideas que tienen como objetivo contribuir a enfocar el esfuerzo de recuperación de la Isla y así poder mejorar la calidad de vida de los puertorriqueños.

Causa y efecto al revés. Contrario a la percepción generalizada, los problemas por los que atraviesa el gobierno de Puerto Rico no surgieron por una economía que se debilitó. Los problemas del fisco fueron causados por una clase política que, a partir del año fiscal 2001, decidió gastar en exceso a la misma vez que los ingresos del gobierno crecían de forma robusta. Ese gasto excesivo llevó al gobierno a utilizar su limitada capacidad de deuda para financiar gastos, lo cual provocó una reducción significativa en la inversión. Esa merma en la inversión, unida al intento de resolver los problemas con impuestos en lugar de reducir gastos, es lo que nos trajo hasta aquí. En otras palabras, el debilitamiento en la economía no causó la crisis fiscal, sino que fue el gasto deficitario el que terminó de matar una economía que estaba en su lecho de muerte desde la década del setenta.

Arreglar la economía no va a resolver la crisis fiscal. Puerto Rico atraviesa por una crisis fiscal y una crisis económica. Ambas crisis son independientes, con causas y orígenes muy diferentes, y las dos deben atenderse con celeridad. No obstante, como la crisis económica no causó la crisis fiscal, reactivar el crecimiento económico de la Isla no va a resolver, de por sí, los problemas fiscales del gobierno.

La inversión pública es más importante que el gasto público. Hoy en día, grupos de interés tratan de defender sus respectivas asignaciones presupuestarias argumentando que cualquier reducción en gastos públicos sería adverso al desarrollo económico. Esto casi nunca es cierto. Después de todo, si el gasto público fuera tan bueno para la economía, Puerto Rico sería un paraíso pues el presupuesto del Fondo General del gobierno está en déficit desde el año fiscal 2001. En términos generales, el gasto público es importante para los sectores particulares que dependen del mismo. Por el contrario, si queremos adelantar el bienestar general y el desarrollo económico de la Isla, la inversión pública debe tener prioridad sobre el gasto público.

No se deben usar las APP como herramientas financieras. El gobierno y la Junta de Supervisión Fiscal no le han dado la importancia que requiere a la inversión. Tampoco han reconocido la necesidad de financiamiento que requiere esa inversión pública. En su lugar, argumentan que esas inversiones deben provenir de Alianzas Público Privadas. Esto es un curso de acción equivocado pues las Alianzas Público Privadas aumentan los costos de financiamiento y hacen menos viables los proyectos.

Hay que administrar bien. En las pugnas recientes con relación al presupuesto, el gobierno de Puerto Rico ha tratado de aumentar gastos a base de argumentos filosóficos de necesidad divorciados de responsabilidad fiscal. Ese comportamiento nos trajo la crisis. En su lugar, el gobierno debe enfocarse en administrar bien, no porque lo manda la junta, sino porque es bueno para Puerto Rico.

Adoptar un modelo económico divorciado de las fórmulas de estatus. Debemos desarrollar una estrategia económica basada en la evidencia disponible. Esto hará más factible lograr un consenso sobre esa estrategia y asegurar la continuidad de la misma. Para que esa estrategia sea verdaderamente efectiva a largo plazo, esta debe funcionar y ser independiente de cualquier fórmula que finalmente se adopte para resolver el problema del estatus político de Puerto Rico.