huracán María
Los toldos azules siguen en los techos de miles de casas en la Isla, a cuatro años del paso del huracán María. >Archivo/EL VOCERO.

Hace cuatro años uno de los huracanes más feroces de todos los tiempos azotó nuestra Isla con fuerza devastadora categoría cuatro —casi rayando en cinco— causando miles de muertes y pérdidas billonarias a la economía.

Durante el período posterior al paso del huracán María vivimos una época de desesperanza, de sufrimiento y de impotencia que hacía de dicho proceso uno muy difícil en esas primeras semanas y meses.

Todos los que estábamos aquí y los que llegaron a socorrernos vivimos las frustraciones que experimentamos, a todos los niveles.

Sin embargo, también atestiguamos cómo el pueblo se crece ante la adversidad —con o sin ayuda— y cómo el sentido de responsabilidad humana brota en los momentos más difíciles. La solidaridad guió a miles de personas e instituciones a socorrer, ayudar y a apoyar a quienes más lo necesitaban.

Un evento catastrófico sacó a relucir los mejores valores de nuestro pueblo.

Recordamos que un año luego de María reinaba la esperanza, porque la expectativa era que con las ayudas federales y la cantidad billonaria asignada a la reconstrucción de la Isla pronto tendríamos un nuevo Puerto Rico.

Ya el huracán era cosa del pasado y el presente era que ya mismo todo empezaría a cambiar.

Cuatro años más tarde nos preguntamos: ¿qué ha cambiado?

Los planes de reconstrucción se presentaron, se discutieron, se revisaron, se volvieron a revisar, se aprobaron con los organismos locales y federales correspondientes, se crearon oficinas para el manejo de estos inmensos proyectos billonarios, y hoy no tenemos la certeza de un sólido avance.

La infraestructura energética está en el mismo estado en que quedó luego de que se hiciera la reparación necesaria para que Puerto Rico operara eléctricamente luego de la destrucción total del sistema. Los apagones continúan debido a la fragilidad de la infraestructura, como ha reconocido el gobierno y su operador privado.

El Departamento de Vivienda realizó o aprobó reparaciones a miles de viviendas que sufrieron daños durante María —aunque muchos propietarios se quejaron de dichos arreglos— y sin embargo, hoy todavía hay cerca de 18,000 casas con los llamados toldos azules, según datos del Plan de Acción de los fondos de mitigación de Vivienda federal.

Vieques no tiene hospital todavía. Recién se aprobó iniciar el diseño del mismo, lo que significa que pudiera estar listo en el 2023.

Muchas calles, carreteras y autopistas de Puerto Rico fueron “parchadas” cuando a estas alturas ya deberían haber estado repavimentadas por completo.

En fin, la lista es larga y compleja, sobre todo si hablamos con los alcaldes que conocen de primera mano las necesidades en las comunidades.

Esto nos lleva a pensar que cuatro años más tarde seguimos en María y como siempre decimos, “la culpa es huérfana”.

Podemos entender que la burocracia, la permisología, la lentitud de las aprobaciones durante el pasado gobierno del presidente Trump —junto a todas las demás razones y excusas que se puedan agregar— hacen que estos procesos se muevan lentos. Pero, ¿qué se necesita para que esto cambie, además de la voluntad para que ocurra? Firme decisión y compromiso, y un seguimiento continuo.

Es necesario romper con las barreras que a veces son autoimpuestas y frenan el hecho de poder mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Y si a esto le añadimos que todos los años se habla del impacto que producirá en el crecimiento económico la entrada de todos estos fondos de reconstrucción, lograr darle velocidad real y efectiva a la tarea de reconstruir se convertirá en una mejoría notable para Puerto Rico.