Estadidad

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Por más que lo disimulen y se hagan los desentendidos, el conteo regresivo continúa y en solo siete semanas - cuando llegue el 3 de noviembre - el Partido Nuevo Progresista recibirá una humillante derrota, porque se habrá vencido el término establecido por el propio PNP, para que el Congreso de los Estados Unidos conceda - con el aval de ambos cuerpos - la petición de estadidad que tanto prometieron.

Y es que en el PNP se creyeron su propio cuento de que el Congreso federal tiene la obligación de concederle la estadidad a la Isla, a pesar de que no existe una supermayoría que exprese una voluntad contundente hacia un cambio de estatus y sin haber presentado una hoja de papel que defina un plan de transición coherente.

La historia, sin embargo, no es reciente. En las últimas seis elecciones el PNP ha ganado la comisaria residente en Washington en cinco ocasiones consecutivas y ha mantenido por 20 años una millonaria ofensiva en el Congreso federal - incluyendo cabilderos a sueldo - sin que hayan logrado mover la estadidad un solo centímetro.

Entonces, cada cuatro años, cuando se acercan las elecciones, le repiten a su electorado el mismo sonsonete de que la estadidad está a la vuelta de la esquina, que tengan paciencia y las velas prendidas, porque será en el siguiente cuatrienio que la estadidad viene… pero nunca llega.

Y así, elección tras elección, el liderato de la palma, promete y no cumple, manteniendo a su propia gente sumida en un monumental engaño, mientras administran felizmente el ELA.

El pasado año, sin embargo, fue cuando lo absurdo reemplazó la lógica. Y es que en la pasada elección, el PNP llegó al extremo no solo de aprobar una consulta improvisada, sino que incluyeron una disposición en la ley en donde “le imponen” al Congreso un término fijo para responder a su suplicio ideológico.

Sí amigo lector, resulta que la ley que viabilizó la famosa consulta de Estadidad SÍ o NO en 2020, contiene una disposición - el Artículo 4.2 de la Ley Número 51 - que le da un “ultimátum” al Congreso federal para que conceda la estadidad en solo un año.

Dice la disposición que, en caso de que la alternativa del SÍ ganara (como ocurrió): “… deberá comenzar de inmediato un proceso de transición para la admisión de Puerto Rico como estado de la Unión, según se describe en el Artículo 4.3, de esta Ley. Este proceso de transición, sea o no a través del mecanismo de “territorio incorporado”, deberá implementarse en el menor tiempo posible y no más tarde de un año a partir del 3 de noviembre de 2020”.

Esa camisa de fuerza - torpemente autoinfligida por el PNP – solo le ha dado dardos al Partido Popular Democrático para llevarle al PNP un conteo regresivo de su irrazonable exigencia, que se ha convertido en el hazmerreír de los pasillos congresionales.

Por eso, ese término, redactado a lo guapo de barrio, no es más que la pala mecánica con que el partido estadista ha cavado la fosa donde enterrarán sin honores a su ideal anexionista.

Y ante ese inevitable desenlace, los coautores del fiasco, comienzan a abandonar el barco; siendo, el primero de ellos, el congresista Darren Soto - autor del proyecto que procura la admisión de Puerto Rico como estado - quien ya cambió su discurso y ahora plantea que es mejor legislar otra consulta con tres alternativas, porque no percibe interés en el Congreso para conceder la estadidad.

Al cambiar su postura, el pana del combo estadista, deja en la estacada a Jenniffer González, coautora del proyecto, quien ahora queda a su suerte como la persona responsable de la debacle que se acerca. Solo les queda la promesa del congresista Grijalva, quien dice ahora que aprobará en su comisión todas las medidas de estatus – aunque choquen unas con otras - para zafarse del tema y coger la juyilanga.

Entonces, mientras el barco se hunde, resulta interesante observar cómo el gobernador Pedro Pierluisi - sonriente y desde las gradas - le refiere el asunto a la comisionada residente, quien junto a los seis delegados fantasmas, todavía esperan en las escalinatas del Capitolio porque algún funcionario federal, más allá de los guías turísticos, les escuchen sus plegarias.

Por eso, ante el fracaso inevitable, el PNP comienza a redactar su libreto. Y cuando llegue el 3 de noviembre y el Congreso no haya aprobado ningún proyecto de admisión, el liderato de la palma dirá que su mandato es eterno y nunca caduca; pero tras bastidores, sigilosamente y desde el Palacio de Santa Catalina, se ocuparán de poner a Jenniffer en la mirilla, porque si no lo hacen, le tocará a Pierluisi responder en una primaria, por haber tronchado el sueño de Barbosa.