Coalición Amplia de Diversidad Funcional por la Igualdad

Por los pasados años, a través de diferentes grupos y recién reseñado en EL VOCERO, se comparten las experiencias continuas de falta de accesos, servicios y oportunidades para las personas con algún tipo de discapacidad o diversidad funcional en Puerto Rico, dando como resultado el discrimen a la población de la cual formo parte. Esto sigue ocurriendo, pese a que hace más de tres décadas se implementaron las principales leyes federales y anualmente se añade una lista de leyes estatales en contra del discrimen hacia la población. Según los datos estadísticos más recientes, la comunidad con discapacidad representa un 21.6% de la población, casi una cuarta parte de los residentes de la Isla.

Limitación de servicios y accesos es lo que viven muchas personas y sus familias por el solo hecho de ser diferentes y vivir en una sociedad que está “impedida”. Lo he vivido y lo sigo viviendo; cada vez que salgo a trabajar, realizar gestiones o a divertirme es una aventura que en muchas ocasiones me hace preguntarme si vale la pena seguir pasando “malos ratos”. Pero decidí educar, concienciar y visibilizar las situaciones. A la misma vez proveer soluciones. Sí, aunque parece imposible, sí hay soluciones.

En los pasados meses he sido testigo y recurso activo y de apoyo a varias organizaciones empresariales, sociales, comunitarias y sin fines de lucro que han estado aprendiendo, planificando y accionando para lograr la inclusión de la población con diversidad funcional. Uno de los ejemplos más visibles es la revitalización del espacio público de Mar Sin Barreras, en Luquillo; también espacios en la antigua base Roosevelt Roads, en Ceiba, que están establecidos y en desarrollo. Además, cuento con clientes comprometidos en aprender a establecer espacios y servicios accesibles e inclusivos. No solo eso, próximamente uno de mis clientes —específicamente la Fundación Banco Popular— lanzará un recurso clave para los patronos y la empleabilidad de la población con discapacidad.

Ciertamente el camino accesible lo estamos trazando y sabemos que falta mucho por recorrer, teniendo claro  —cada ente e individuo— que es necesario eliminar los prejuicios, los estereotipos, el miedo y la indiferencia para transformarlos en conocimiento, comprensión y ejecución y lograr cambios favorables para todos. Pero, ¿qué más podemos hacer?:

Incluir como recursos activos a personas con discapacidades en los grupos de toma de decisiones públicas y privadas. Educar, concienciar y visibilizar continuamente para erradicar prejuicios y lograr la inclusión real. Enfocar los servicios y apoyos para la población con discapacidad no como un acto de caridad, sino como una gestión digna, funcional y para el desarrollo y bienestar de todos. Hacer trabajos colaborativos con entes claves, con conocimiento, disposición y experiencias. Reconocer que la población con discapacidad es una comunidad diversa, activa, deseosa y lista para las oportunidades. 

Ciertamente, cada uno de nosotros somos recursos clave para lograr un Puerto Rico que brinde calidad de vida para todos(as).