Hotel Normandie

El antiguo Hotel Normandie. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

Sin duda el hotel Normandie se encuentra en un estado de estorbo público. Hace años representa un estorbo público y con el tiempo, continuará en deterioro. Considerando esto, se ha hablado de propuestas para expropiarla para su demolición. Sin embargo, no hace falta gastar fondos públicos en la adquisición o demolición de una propiedad privada como el Normandie. Ya existen los mecanismos para atender este problema, pero lamentablemente, no los usamos.

El Normandie es solamente una de cientos de miles de propiedades que se encuentran en igual o peor condición. Recordamos que según los datos del censo federal, hay 373,424 propiedades vacantes y más de 300,000 propiedades en abandono o ruina. Esto es sin contar los espacios industriales en desuso, los solares baldíos y las 673 escuelas abandonadas alrededor de Puerto Rico. Todos los días nos toca absorber el sinnúmero de vertederos clandestinos, ruinas tapadas con vegetación y casas sin ventanas y puertas. El Normandie es sola una de estas propiedades.

Los municipios ya tienen la facultad de declarar propiedades en condición de ruina estorbos públicos y ordenar a sus propietarios poner la propiedad en condiciones. Inclusive, podrán emitir multas y gravámenes para asegurar cumplimiento. Si no responde el propietario, el municipio podrá solicitar la venta judicial, entre otros remedios, con el fin de devolver la propiedad a un estado productivo. Sin embargo, Puerto Rico ha fracasado con esto. San Juan, por ejemplo, solo tiene declarado estorbo público 106 propiedades. Un sondeo que realizó el Centro para la Reconstrucción del Hábitat demuestra que el 68% de los municipios no tienen programas operantes de manejo de estorbos públicos.

El debate sobre nuestro patrimonio histórico es productivo. Sin embargo, deberemos también aprovechar del tema para conversar sobre nuestra crisis del abandono y el fracaso de atender el problema. Los municipios tienen la facultad de ordenar su reparación —o demolición de entender necesario— a costo del propietario, y la deberán hacer. Además, existen ya los mecanismos para convertir propiedades como esta en nuevas oportunidades para la vivienda asequible, resiliencia y desarrollo. Solo falta un poquito de voluntad y seguimiento. No hace falta usar millones en fondos públicos para expropiar y demoler al Normandie. Inclusive, hacerlo será premiar a propietarios negligentes por dejar sus propiedades en abandono.