Lectura

No se puede cambiar un país sin lectores. María López Vigil

Todos estamos de acuerdo en que desde que comenzó la pandemia nos hemos visto en la necesidad de leer y escribir mucho más. El hecho de que ahora todo es remoto o en línea ha cambiado nuestras prácticas de lectura: tenemos que leer y llenar formularios en línea para solicitar el desempleo, realizar matrículas de cursos y webinarios, leer los menús de los restaurantes para poder hacer los pedidos y que Uber nos los entreguen. Además, ahora se ofrecen y se toman muchos más cursos en línea y aquellos que son remotos requieren más lecturas y más escritos en la internet. La realidad es que no estábamos y todavía hay muchos que no están preparados para esta nueva situación. Es más, muchos ni cuentan con computadoras.

Toda esta situación requiere que poseamos un buen dominio de las prácticas lectoras. Así lo expresa Cassany (2020) en su artículo Letrismo en la época de la covid19 (1 de 3) (https://www.jardinlac.org/post/letrismo-en-la-epoca-de-la-covid19-1-de-3) cuando nos dice que “el lector requiere más autonomía, experiencia, conocimientos, capacidad de riesgo, más allá de los procesos tradicionales de construcción de significado (hacer hipótesis, inferencias, confirmarlas, reformularlas, etc.). Nuestra mente lectora se formó con los escritos en papel tradicionales y no está forzosamente entrenada para manipular estos artefactos digitales más sofisticados. No me sorprendería que esas nuevas prácticas culturales agravaran la brecha ya existente entre letrados y lectores con dificultades o semianalfabetos”. Sin duda, esto es preocupante en el mundo académico, pues sabemos que nuestro estudiantado, en términos generales, tiene dificultades para comprender lo que lee; mucho más para realizar lecturas en entornos digitales.

Por otra parte, sin miedo a equivocarnos, podemos decir que la pandemia nos cogió a todos desprevenidos. Por ejemplo, puso en evidencia que, al menos aquí en Puerto Rico, no se había incorporado a cabalidad la tecnología en la educación, especialmente en los niveles primarios y secundarios. Además, nuestra experiencia nos dice que ni aún todos los estudiantes universitarios dominan las plataformas académicas y muchos no tienen computadoras. Pensamos que después de esta experiencia, nada será igual en el mundo académico ni en el laboral, pues los empleadores aprendieron que no se necesita tener a los empleados físicamente en el lugar de trabajo para que se realicen la mayor parte de las tareas.

Además de lo que les hemos presentado anteriormente, nos hemos percatado de que el virus ha atacado la lectura por placer. Mientras unos han podido aprovechar este tiempo para este tipo de lectura; otros, no han podido hacerlo. Toda esta situación de la pandemia que nos ha tocado vivir ha generado una falta de concentración. A tales efectos, Michèlle Petit (2020) (https://www.infobae.com/cultura/2020/08/20/michele-petit-sobre-por-que-leemos-menos-durante-la-pandemia/) expresa “desde que la pandemia y el confinamiento se instalaron no podía leer libros y aún menos libros de ficción. Yo no era la única”. Así como a ella le costó concentrarse, se encontró con que “en Francia, Italia, España, Canadá, Argentina, Colombia, México, mujeres y hombres consagraban posteos en redes sociales sobre esta dificultad, se preguntaban si eran los únicos y sobre sus causas. En respuesta muchos otros daban testimonios que les sucedía lo mismo, incluso escritores. El fenómeno les parecía tan sorprendente como para hacerse estas preguntas públicamente”. Lo que manifestaban es que “casi todos leían, pero no libros ni literatura, pasaban gran parte de su tiempo recluidos leyendo artículos en internet, escuchando noticias, devorando testimonios, todos relacionados con la pandemia, sin saber qué estaban buscando, leyendo lecturas fragmentarias en su mayor parte. Si bien muchos pudieron volver a leer literatura más tarde, hubo un fenómeno lo suficientemente sorprendente para detenerse en él e interrogarse sobre qué significa leer, lo que ello supone”.

Definitivamente, el virus ha afectado la lectura. Ustedes, ¿qué piensan?