Wanda Vázquez

La gobernadora Wanda Vázquez Garced detalla la segunda fase de reapertura de la economía.

Ante una emergencia, el País siempre espera no solo la respuesta responsable de sus ciudadanos, sino el proceder efectivo, eficiente, con sentido de urgencia de sus agencias gubernamentales.

Cargando a cuestas grandes sacrificios y enfrentando muchas limitaciones, los ciudadanos, en su gran mayoría, han cumplido su parte, respetando la cuarentena —incluido el toque de queda— que impuso el gobierno para combatir la expansión del Covid-19, una pandemia que hasta ayer había cobrado 126 vidas y arrojaba más de 2,900 casos confirmados de contagio en Puerto Rico.

Sin embargo, agencias de gobierno fundamentales en el manejo de la emergencia no han estado a la altura de los ciudadanos, mostrando por el contrario grave ineficiencia en el cumplimiento del deber; un deber que consiste en coordinar y proveer los servicios que satisfagan las necesidades de la población.

El cierre de gran parte de la actividad económica como forma de impulsar el aislamiento social exigía una acción vigorosa del Departamento del Trabajo para atender el reclamo del beneficio por desempleo de decenas de miles de trabajadores que perdieron temporal o permanentemente sus empleos a causa de esta crisis.

Los obstáculos en el recibo de la información y los indolentes retrasos en el procesamiento y entrega de los pagos quisieron atribuirse solo a problemas con la tecnología y el programa digital contratado con la compañía Evertec.

Pero lo que cada día quedó al destape fue una situación caótica detrás de la otra, que lo único que retrató fue a una agencia sin plan de ejecución. Una agencia que se ha mostrado ante el País sin una coherente respuesta operacional a la necesidad de desempleados que, literalmente, han esperado sus pagos para comer.

Por eso, esperamos que el anuncio hecho ayer por la gobernadora Wanda Vázquez sobre el procesamiento exitoso de 90,000 solicitudes de desempleo —50,000 de las cuales ya autorizadas para el pago— marque el inicio de un proceso de saneamiento operacional en la agencia. Esto redundará en beneficio de las víctimas socioeconómicas de esta pandemia y más allá.

Aunque considerada la institución insignia en una crisis como esta, otra agencia carente de efectividad es el Departamento de Salud. El estado de negación que institucionalizó Salud desde muy temprano de la llegada del Covid-19 a Puerto Rico indujo a perder tiempo y desde entonces —aun con la llegada del secretario Lorenzo González— los vaivenes, los rezagos en la realización de pruebas de coronavirus y la negativa o incapacidad para el rastreo de contactos fueron la orden del día.

El denominado “contact tracing” es crucial para el seguimiento a los contagiados y a las personas con las que han tenido contacto los portadores del virus. Eso es básico.

Aunque es inaceptable el tiempo que Salud ha necesitado para reaccionar, es plausible, sin embargo, su decisión de adoptar el programa de rastreo de contactos del municipio de Villalba, diseñado y liderado en su ejecución por la epidemióloga Fabiola Cruz.

La implementación a nivel central de este programa es urgente y oportuno, más aún cuando ayer la primera ejecutiva anunció la reapertura —desde este martes 26 de mayo— de diversos renglones de la economía. Con esta apertura, es imprescindible que operadores de negocios, centros comerciales, empleados y ciudadanos cumplan con todo rigor con las reglas sanitarias, para que el paso que ha dado el gobierno sea sostenible y le permita a la economía puertorriqueña pasar al siguiente nivel.

En el escrutinio de la ineficiencia gubernamental, el Negociado de Manejo de Emergencias y Administración de Desastres tampoco se escapa al cuestionamiento, toda vez que debió ser un estricto custodio del interés público en el caso de la fallida compra del millón de “rapid tests”, evitando que ocurriera lo que sucedió y que ha terminado en el escándalo que involucra a muchos, entre ellos quienes celebraron como una bendición de lucro la llegada a la Isla de “un virus muy productivo”.

El récord deficiente de estas agencias contrasta con el de otras —como el Departamento de Hacienda— que ha dado muestras de preocupación por los necesitados y, contra viento y marea, diseñó su plan, gracias al cual las ayudas estatales y federales que es su responsabilidad canalizar han estado llegando a su destino.

También debe destacarse al Negociado de la Policía, cuyos miembros —aun con las limitaciones por las que atraviesan— han estado en primera fila como vigilantes sensibles de las normas de la cuarentena y como seres solidarios —con la ciudadanía— en el cumplimiento del deber.

Salud, Trabajo y Manejo de Emergencias deben rectificar con énfasis el rumbo. El País les necesita operando con más prontitud, diligencia, responsabilidad social y cordura. Hay muchas vidas en juego.