héctor ferrer

Histórica foto de Héctor Ferrer Ríos junto al entonces alcalde de Caguas, William Miranda Marín. >Archivo / EL VOCERO

Lcdo. Ramón L. Rosario Cortés, Secretario de Asuntos de Puerto Rico 

Iván, la semana pasada perdimos a un gran líder y a una buena persona. Tuve el honor de trabajar varias cosas con Héctor debido a su posición política. Con Héctor sostuve varias discusiones públicas y diferencias de opinión, pero siempre tuve que reconocer su valentía y dedicación. Con Héctor se podía llegar a acuerdos y los cumplía. La figura de Héctor será inmortalizada como lo que fue, un luchador. Esto, tras la firma por parte del gobernador de la medida que le pone su nombre al Centro Comprensivo de Cáncer.

 Pero, la partida de Héctor también tiene que tener su efecto en la colectividad política que presidió en dos ocasiones. Héctor reclamaba que el PPD no era un partido independentista y tuvo sus disputas públicas con Carmen Yulín y Aníbal Acevedo Vilá. ¿Qué hará el PPD dentro de esta coyuntura histórica dónde el gobierno federal nos discrimina y nos impone una junta antidemocrática?

 El PPD no puede aferrarse al espejismo surreal de que en el 1952 la Constitución del Estado Libre Asociado (ELA) terminó con nuestro coloniaje. La propia Constitución del ELA se adopta al amparo de la Ley federal Número 600 de 1950. O sea, bajo nuestra relación territorial, otra ley federal podría dejar sin efecto la Constitución del ELA o eliminar los poderes otorgados al gobierno local. Esta eliminación de poderes se hizo con la Ley federal PROMESA que nos impuso una junta no electa por el Pueblo. Ello no es distinto a lo que hizo el Congreso hace más de 100 años con la Ley Foraker que nos impuso otra junta (año1900). 

Siendo así, ¿qué hará el PPD? El movimiento independentista impulsa una fórmula que sin duda termina nuestra relación colonial. El PNP impulsa la estadidad que nos daría soberanía bajo la Enmienda X de la Constitución americana y es una fórmula reconocida por el derecho internacional. La estadidad nos reconocería los mismos derechos que tienen los ciudadanos americanos en los estados y no permitiría el discrimen al que ha sido sometido Puerto Rico por más de 100 años.

Lcdo. Iván Rivera

Ramón, en nuestro país la veneración a los difuntos es una realidad de gran arraigo cultural. De hecho, la misma fue utilizada por parte de don Luis Muñoz Marín como argumento ante el exsecretario del Departamento de la Defensa, Robert McNamara, para persuadirle de desistir de su intención de que se desalojaran los habitantes de las islas municipios de Vieques y Culebra para ser dedicadas exclusivamente al uso militar. Los políticos de carrera en nuestro país están conscientes de tan fuerte arraigo. Típico de los países latinos, pero que en Puerto Rico se magnifica.

 Muestra de lo antes indicado han sido las manifestaciones públicas de muchas de las figuras políticas tras la noticia del desprendimiento físico de Héctor Ferrer.  Conscientes de esa veneración, los que hace algunos meses le atacaron inmisericordiosamente con personalismos, demagogia y planteamientos populistas, de momento eran de los primeros en lanzarle loas a través de las redes sociales tras su unión con el infinito por la eternidad. 

En la pesca de “likes” y empatía a sus personas por parte de un pueblo que está culturalmente atado. Tan así que, un representante que le votó en contra a una propuesta de reconocimiento, al internalizar la realidad antes descrita, de inmediato trató de justificar su pifia política e intentó justificar la misma. Según Manuel Natal, no se trató de estar al margen de la corriente cultural antes mencionada, sino que eran muchas medidas y nos la leyó por falta de tiempo. Descartando la abstención como herramienta para esas situaciones. De pasó, dándose un tiro en su propio pie. ¿Quién en el futuro votará por un representante a la Cámara que no lee por lo que vota?  

 Por otro lado, está el argumento de que hay que trascender las líneas partidistas e ideológicas. Pero la pregunta es, ¿por qué rayos aguardar al fallecimiento de alguien para actuar así? La respuesta es sencilla. Por la falta de capacidad para argumentar con fundamentos reales a favor de los que se alega defender. Ante ello, el típico, ordinario y constante ataque personalista en el discurso político local. Bienvenido a la colonia.