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Sea en comicios generales o en procesos internos de las instituciones partidistas, el ejercicio del voto siempre debe asumirse y comprenderse como una prueba de fuego de la democracia.

En consecuencia, toda elección debe estar revestida de la mayor garantía y dotada de los recursos necesarios para que los ciudadanos se sientan motivados a ejercer ese derecho inalienable de escoger, mediante el voto, a los candidatos y candidatas que entienden más aptos para conducir el gobierno al que aspiran.

Bajo el arbitraje de la Comisión Estatal de Elecciones se celebran este domingo, 9 de agosto, las primarias por las candidaturas a la gobernación y otros cargos electivos por los partidos Nuevo Progresista (PNP) y Popular Democrático (PPD).

Son varias las cosas trascendentales que se necesitan para que, más allá de los candidatos que salgan favorecidos, Puerto Rico, como país con múltiples retos estructurales y coyunturales, sienta que avanza en el labrar de los cambios.

En primera instancia, los electores de ambas colectividades deben movilizarse a ejercer con responsabilidad ese derecho, observando todas las normas de protección que impone la presente crisis por la pandemia del Covid-19. Ello significa que cada elector debe utilizar su mascarilla, seguir las reglas del distanciamiento físico y respetar y adoptar toda medida adicional de protección contra el coronavirus que le sea comunicada en los centros de votación.

La rigurosidad en el lanzamiento de ese escudo salubrista en los recintos habilitados para las votaciones tiene que ser palpable, como forma de elevar la confianza de los votantes y de darles una expectativa razonable de seguridad.

Es también de significativa importancia que los electores se aseguren de conocer de antemano cuáles son los candidatos de sus respectivos partidos para que a la hora de votar puedan ejercer su derecho con conocimiento de causa y es obligación de la Comisión Estatal de Elecciones tener disponibles los nombres de todos los candidatos previo a las primarias.

Para abonar a esa confianza, la CEE tiene que corregir indefectiblemente las fallas que provocaron que cientos de ciudadanos se quedaran el sábado último sin ejercer su voto adelantado. Sean técnicas o de negligencia operacional, en estos casos las fallas tienen como resultado la violación del derecho al sufragio universal de cientos o miles de ciudadanos en un momento dado. Esto no se puede repetir. Afortunadamente, esta semana no hay tormenta.

Y son varios los asuntos que, de no manejarse a tiempo, pueden infligir al proceso primarista un golpe mayor, que repercutirá en las elecciones generales.

Líderes de los dos partidos que tendrán primarias han expresado preocupaciones en torno al lento ritmo de preparación para el evento del domingo, en particular sobre los materiales imprescindibles para la importante cita electoral.

Dando base a esa alerta, todavía anoche no se había recibido en la Comisión Estatal de Elecciones la totalidad de las papeletas, las actas para las primarias, los sellos necesarios para los maletines, entre otros materiales y utensilios.

De todos modos, el presidente de la CEE, Juan Ernesto Dávila, afirma que se trabaja intensamente para que no se repita el caos surgido con el voto adelantado – incluido el de las personas encamadas – y para que el evento de este domingo discurra con transparencia.

El País no espera menos que eso.

Porque un desastre mayor, fruto del incumplimiento con los protocolos e hijo de la falta de previsión, se convertiría en un mal preámbulo para el montaje de las elecciones generales de noviembre.

Igual que en la economía, la estabilidad de los procesos electorales descansa en la confianza. En la confianza del elector que nunca debe ser lacerada, porque es su voto el material principal en la construcción y sostenimiento de una sociedad democrática.