Gobernador Ricardo Rosselló

El gobernador Ricardo Rossello. 

El gobernador Ricardo Rosselló le llamó novela al colapso, a pasos agigantados, de los cimientos de su propia administración debido a los casos de corrupción que han vinculado a funcionarios de su absoluta confianza. Pero, lejos de ser novela, es una tragedia griega.

El exsecretario de Hacienda y principal asesor financiero del gobernador, Raúl Maldonado, habla de una mafia de alto nivel en el gobierno. Teresita Fuentes, exsecretaria de Hacienda, ya había advertido sobre el vínculo entre la corrupción observada como una de las razones principales para su renuncia. Hoy sabemos que el actual secretario de la Gobernación, Ricardo Llerandi, fue grabado por uno de los suyos, durante una reunión, requiriendo a jefes de agencia que presionen a contratistas, con el propósito de vender taquillas y recaudar dinero para la moribunda campaña de reelección de Rosselló. Es preciso recordar que estos niveles de corrupción solo se habían visto en Puerto Rico bajo la administración de Pedro Rosselló, padre del actual gobernador, durante la pasada década de los 90.

La discusión ha girado en torno al tema medular del uso de fondos públicos que el gobierno obtiene de los impuestos que pagamos todos, para satisfacer de forma ilegal e inmoral intereses privados. Las consecuencias más visibles de la corrupción están en los recortes a la UPR, el cierre injustificado de escuelas, el precipicio fiscal del plan de salud del gobierno, mientras un puñado contratistas privados se hacen millonarios. Además de las nefastas consecuencias humanas que tiene la corrupción en el corto plazo, existe otra consecuencia igual de infame, pero menos visible: el desarrollo económico.

Existe una organización no gubernamental llamada Transparencia Internacional, dedicada a desarrollar el Índice de Percepción de la Corrupción. Este índice no incluye datos sobre Puerto Rico, pero nos permite analizar las consecuencias económicas de la corrupción. De acuerdo con los informes publicados, la corrupción gubernamental tiene un impacto negativo en el crecimiento y desarrollo económico debido a que desanima la inversión privada, y genera dudas e incertidumbre en todos los actores sociales y económicos. Este informe reveló que los países con menor corrupción en 2018 fueron Dinamarca, Nueva Zelandia, Singapur, Suiza y Suecia. No es coincidencia que estos países hayan logrado grandes avances en salud, educación y bienestar social debido a que el costo de la corrupción es mínima. Estados Unidos se ubicó en la posición 22, después de Francia, Reino Unido de la Gran Bretaña y Australia. Este dato puede explicar en parte el por qué EE.UU. -siendo la economía más grande del mundo-, es incapaz de garantizar salud y bienestar para todos los ciudadanos como ocurre en países europeos.

En el caso de Puerto Rico, recordemos que cada dólar en el bolsillo de la corrupción es un dólar que no irá para educación, salud ni bienestar. Por un lado, el gobernador Rosselló habla de alianzas público privadas y de estrategias para atraer inversión, y por el otro se resiste a reconocer los esquemas de corrupción que existen al interior de su gobierno y de su partido.

La falta de transparencia comenzó desde el primer día de su administración, se hizo visible luego del paso del huracán María y se ha vuelto insostenible a menos de tres años de su gobierno. Rosselló insiste que no sabe nada, a pesar de que sus ayudantes más cercanos, como Maldonado y Llerandi, ya fueron entrevistados en los foros federales.

El impacto negativo de la corrupción está teniendo efectos en el corto plazo y si no restauramos la institucionalidad y la transparencia, el impacto en el desarrollo económico lo sufrirán nuestros hijos y nietos. Frente a este escenario de incertidumbre, pronto el gobernador Rosselló tendrá que reconocer que su situación es insalvable y considerar su salida antes de terminar su mandato.