Manifestaciones

Estamos a las puertas de una nueva época. Los eventos recientes que hemos vivido evidencian que lo que realmente necesitamos para crear un mejor futuro es encontrar soluciones para adelantar una agenda colectiva. Desafortunadamente la alternancia política de las pasadas décadas nunca se tradujo en un mayor equilibrio entre los intereses de la sociedad y las instituciones públicas o en un progreso sustancial en la inclusión activa de la sociedad en la toma de decisiones y la fiscalización gubernamental.

Las manifestaciones de fuerza de la sociedad en reclamo de un gobierno limpio y honesto y de firme rechazo a la corrupción, que culminaron en la renuncia del gobernador Rosselló y la invalidación de la juramentación de su sucesor, han sido excepcionalmente oportunas. El País rechazó contundentemente la agenda perversa de los que nos desgobiernan, porque quienes nos desgobiernan no tienen como objetivo el bien común, sino el enriquecimiento de un pequeño núcleo que ha pretendido convertir el País en su finca personal, logrando enriquecerse con la práctica de la corrupción y no del trabajo digno y honrado. Por ello, los eventos que hemos vivido tienen una trascendencia histórica de gran impacto que nos debe mover a mejorar la gobernanza pública y a consolidar nuestra democracia.

En las pasadas semanas ha quedado al desnudo la insatisfacción generalizada y el marcado deterioro en el funcionamiento del Estado y sus instituciones. Es evidente que los casos de corrupción, la falta de transparencia y la manipulación de las instituciones y el estado de derecho han impedido que nuestra democracia alcance la madurez necesaria para propiciar mejorar la calidad de vida. La falta de credibilidad y confianza en las instituciones, en especial en los partidos políticos y sus dirigentes, han llevado a los ciudadanos a buscar otras alternativas de diálogo y participación en la gobernanza de los asuntos públicos a través de la creación de redes y el uso de nuevas tecnologías.

La oportunidad que nos presenta la coyuntura actual es centrarnos en el impacto cualitativo de nuestras decisiones y acciones para generar soluciones a los problemas complejos que nos afectan y movernos a la acción rompiendo con los narrativos disruptivos que aumentan las divisiones en detrimento de la innovación y el cambio transformacional. Es impostergable darle importancia a la obligación compartida de todos los actores de la sociedad que nos muevan a un desarrollo social sostenible y un crecimiento económico inclusivo. En esta ocasión no podemos darle espacio a que se creen falsos liderazgos y que ocupen el campo los políticos populistas y la propaganda mediática.

Superar la mediocridad de la clase gobernante debe comenzar por entender que la gobernación es un trabajo de beneficio colectivo concebida como el vehículo para servirle a la sociedad y no para servirse de ella y cambiar la forma irresponsable de manejar los recursos del Estado. Si algo ha quedado claro en esta gesta de pueblo es que cada ciudadano es distinto en pensamiento, en la manara de ver la vida y en su accionar, pero eso no nos distancia en el interés y el compromiso de forjar un mejor país.

Contar con un buen gobierno y con instituciones que rindan cuentas son elementos fundamentales para maximizar la eficacia de las acciones de desarrollo y reducir la desigualdad. Existe una clara correlación entre los procesos de gobernanza y el desarrollo económico de los países. De igual forma, es fundamental la capacidad y competencia de los gobiernos para ofrecer servicios públicos, apoyar un entorno generador de empleos y de crecimiento en pro del bien común, abordar las deficiencias del mercado e involucrar ciudadanos en el proceso, lo que conduce hacia sociedades transparentes y respetuosas de las leyes e incentiva la inversión del sector privado.

Para crear un mejor futuro y trazar el camino a seguir es necesario lograr un cambio real y verdadero en la forma de gobernar. En esta tarea histórica urge continuar sumando talentos y voluntades para superar la crisis de gobernanza provocada por el deterioro de nuestras instituciones y nuestros valores, lo que ha propiciado la corrupción y la impunidad.

Reflexionando sobre el pensamiento de Albert Einstein en ocasión del 130 aniversario de su natalicio es oportuno puntualizar que “la verdadera crisis que enfrentan las personas y los países es la crisis de la incompetencia…”. En este sentido, el gran desafío que tenemos en esta coyuntura histórica es encontrar las salidas y soluciones para luchar y superar la crisis social, económica y de gobernabilidad que nos amenaza. Veamos en esta crisis la mejor bendición para desarrollar la hoja de ruta y las estrategias para crear un futuro mejor.

Para más información puede visitar nuestros portales en la web gobernanzapr.org y puertoricotransparente.org.

Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa

(1) Comentarios

José González

La primera solución que hay que buscar es la del status. Ese es el problema de Puerto Rico, de donde emanan los otros problemas. A ver si por fin, luego de 67 largos y tristes años, le meten mano.

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