La Fortaleza

Foto de La Fortaleza. >Archivo/EL VOCERO

Recientemente escuché una serie de ‘podcasts’ preparados por mis estudiantes de economía que discutían sus preocupaciones sobre la economía de Puerto Rico como parte de una asignatura donde debían seleccionar un problema económico, estudiarlo a través de datos e indicadores y presentar alternativas para resolverlo. Los temas más repetidos entre ellos fueron la emigración de jóvenes y profesionales, el manejo de las crisis y las emergencias, el sistema de educación y la pérdida de competitividad en la manufactura. Me llamó la atención que cuando van a la raíz, el denominador común fue la falta de transparencia, la corrupción y el uso ineficiente de los recursos disponibles en el País por parte del gobierno. Coincidieron en que los problemas económicos del País se deben a la toma de decisiones por parte de personas que dirigen el gobierno que no poseen las credenciales adecuadas, las destrezas necesarias para dirigir la agencia o la voluntad que requiere el País. Es decir, no confían en el sistema.

Desde su óptica de joven, el haber crecido de crisis en crisis, haber visto a sus padres tomar decisiones difíciles, haber visto con sus ojos la escasez en sus escuelas y vivido un cuarto año de escuela superior encerrados, saben de primera mano lo que duele una crisis y cómo le afecta a su entorno inmediato. A más de una década de una crisis económica, a tres años de los huracanes de 2017, a 10 meses de los sismos en el suroeste de la Isla, luego de meses de la pandemia, a meses del asesinato de Alexa y de Rosimar —eventos que han tocado todas las fibras de nuestra cultura humana— la ausencia de buenos administradores públicos atenta contra la prestación de los servicios esenciales y contra el desarrollo del País. Esto incluye la planificación, ejecución y monitoreo de la primera línea en la respuesta a la crisis, en donde al no tener una ruta clara se ven obligados a la improvisación.

La falta de buena gobernanza y de una administración de altura impactan los servicios públicos esenciales, como la salud, la educación, la seguridad y el manejo de las emergencias. Trae consigo deficiencias en los servicios y afecta la calidad de los mismos, abonando a la incertidumbre e impactando negativamente el ambiente de negocios e inversión. La falta de un sistema transparente abona también a tomar decisiones erradas al no tener datos confiables. Estas decisiones hacen que se pierda la confianza en el sistema y en las instituciones democráticas que nos representan, nuestra economía y nuestro camino a la recuperación.

Recuperar la confianza en quienes nos representan es clave. La organización Transparencia Internacional y la Organización de las Naciones Unidades recomiendan exigir mecanismos más estrictos de ética, transparencia en las compras y declaración de conflictos de intereses. Las mismas recomendaciones se desprenden del informe de la economista Segarra Alméstica, de 2010, en las que habla de “reforzar el sistema de mérito para el empleo público, reevaluar la necesidad de cada uno de los puestos de confianza existentes, y minimizar la sustitución de empleados asociada a cambios de administración”. Ciertamente, una combinación de acciones necesarias para devolver la confianza y reducir la corrupción en la esfera pública.

Ahora, ¿qué estamos dispuestos a hacer como país para cambiar las perspectivas de futuro de la juventud y retener su talento en la Isla? ¿Cómo les abrimos las puertas a aportar al desarrollo de instituciones democráticas que sean más estables y que respondan a las necesidades de la gente? Las respuestas a estas preguntas pasan por nuestra mente el día de las elecciones y más allá.

Como ciudadanos, tenemos que ser custodios de buenas prácticas de administración y ser celosos sobre quién administra nuestros bienes. Tenemos que recabar del gobierno que nombre personal capacitado más allá de cualquier consideración político partidista. En la coyuntura en que Puerto Rico se encuentra, se necesitan de los mejores profesionales. No basta con ser amigo de la casa o ser contribuyente de sus campañas. Los retos de administración pública van más allá y requieren un talento comprometido con el servicio público. Requieren Talento Pro. Ayúdanos a llevar el mensaje, y firma la petición en www.talentopropr.com.