Wanda Vázquez

La gobernadora Wanda Vázquez.

En comunicación y marketing político, los discursos, propuestas e ideas sobre el manejo de la situación pública pueden ser divididos en dos grandes grupos. Los de “o hacer o los de no hacer”. En el primero, suelen caer las promesas respecto a las grandes obras de infraestructura, aumentos de salarios al funcionario gubernamental e incremento de beneficios a los que de alguna manera dependen del gobierno. De ordinario cuando un político promete “hacer algo” y luego no cumple -dependiendo de las características de la promesa o representación- consciente o inconscientemente, el ciudadano podría inclinarse a excusar su incumplimiento debido a que no todas las variables para poder hacer cumplir lo prometido están bajo el control del que prometió hacer tal o más cual.

Sin embargo, cuando el político promete “no hacer algo”, el incumplimiento de su promesa conlleva la tara del repudio generalizado del electorado, ya que consciente o inconscientemente, se entiende que lo prometido u ofrecido depende enteramente de la voluntad del político que la realiza. A diferencia de la promesa de “hacer”, la de “no hacer” se le atribuye únicamente a la voluntad y palabra de su ejecutor. Por lo tanto, no puede eventualmente buscar excusa de su incumplimiento en terceros o factores fuera de su control.

Por ejemplo, Aníbal Acevedo Vilá sentenció su futuro político en aquel debate de 2004 en el que señaló que “no iba a poner un sale tax” y terminó aprobando el IVU. Por su parte, suerte similar corrió Luis Fortuño cuando en 2008 señaló que el único empleado público que sería despedido era Aníbal Acevedo Vilá. Luego vimos lo ocurrido con la Ley 7.

La comunicación política se encuentra en medio de la ciencia política y de la comunicación. Se ocupa de la producción, difusión, diseminación y de los efectos de la información, a través de los medios de comunicación masiva, y de los interpersonales en un contexto político. El proyectar confianza respecto al candidato solo se puede lograr mostrándole como sincero y accesible. Ello sirve para crear y fortalecer el vínculo entre este  y el votante. Ese vínculo es fundamental aquí en Puerto Rico de cara a los comicios electorales que se avecinan. La crisis fiscal y económica que atraviesa el País, la cual llegó hasta el punto de la bancarrota de las arcas del gobierno, le hacen más necesario aún.

En ese aspecto, la gobernadora Wanda Vázquez enfrenta un serio desafío. Por un lado, su campaña, trata de girar la forma anómala mediante la cual llegó al poder, hacia un mensaje de que no es una figura política común bajo el “slogan” de “mi maquinaria eres tú”. Sin embargo, sus ejecuciones en el mando contravienen sus aspiraciones electorales. Su credibilidad, y por ende, ese vínculo que tanto necesitará crear entre ella y el elector común, se ven seriamente trastocados por sus promesas de “no hacer”. Aunque son varias las expresiones en el contexto de su comunicación política respecto a las cuales podría verse minada su credibilidad, existen dos que a mi entender son las más pesadas. La primera, cuando indicó que no aspiraría a la elección de 2020 en los momentos en que juramentaba como gobernadora en 2019. La segunda, en el momento en que señaló que no firmaría la nueva ley electoral sin consenso. Esa acción, además de minar en la mentalidad del elector la confianza que se supone sea base fundamental del vínculo entre candidato y elector, propulsa otro problema. Nos referimos al de la posible unidad de voluntades en contra del partido de gobierno. Ello toda vez que todos los demás partidos, así como distintos grupos de la sociedad civil interesados en el tema, se habían manifestado en contra de la idea de cambiar las reglas del juego electoral a apenas meses de las elecciones.

En gran medida, las posibilidades de triunfo del PNP giran alrededor de mantener diseminada en distintos grupos su oposición política. El incumplimiento de la gobernadora con el “no haré”, abre las puertas de par en par a la posible consolidación de unidad de voluntades en su contra.