Departamento de Educación

Edificio de la sede del Departamento de Educación en Hato Rey. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

Los principales problemas de Puerto Rico están vinculados directa o indirectamente con nuestro problema educativo. La pobreza –de por sí y a su vez como catalítico de la violencia–, la criminalidad, la bajísima participación laboral, la corrupción, la pérdida de valores, el escaso análisis sobre los candidatos y propuestas a la hora de votar en las elecciones, el desconocimiento generalizado de lo que ocurre en el resto del mundo, así como el miedo y limitaciones para salir del colonialismo, son problemas que se incrementan en nuestro país debido a los problemas educativos que venimos arrastrando por décadas. Son demasiadas las generaciones de desertores escolares que a su vez en plena adolescencia se hacen padres de hijos que en su propia adolescencia desertan de su escuela sin que sus progenitores tengan las herramientas cognoscitivas ni destrezas necesarias para ayudarlos académicamente. Destinándose así a vivir del asistencialismo económico del Estado, provocando un hilo transgeneracional de pobreza y falta de educación. Ni hablar de los que terminan su cuarto año, pero sin que el deficiente sistema educativo que tenemos les haya provisto el conocimiento para entenderse como ser social y su contexto en la sociedad que vivimos.

A los políticos locales, ante sus carencias de visión, misión y propósitos, debido a sus propias carencias cognoscitivas, no les motiva mejorar dicho sistema de educación toda vez que a mayor cantidad de electores necesitados de asistencialismo social, mayor quántum de clientelismo político. De ese 54% sumido en la pobreza y carencias educativas salen los pasquinadores que luego se convertirán en empleados de confianza de las agencias; los avanzadores que serán los jefes de agencia y asesores legislativos.

El Departamento de Educación (DE) lleva tres nominados a secretario en apenas cuatro meses y medio, los cuales han sido colgados por el legislativo. Así de poco les importa el futuro del País a todos los involucrados. La educación es la espina dorsal de toda sociedad. A través de la historia las sociedades de mayor avanzada y trascendencia han estado caracterizadas por sus avances y logros educativos. Pero aquí en Puerto Rico lo que le importa a los políticos son los $3 mil millones de presupuesto del DE. Presupuesto que para el próximo año fiscal, con los dineros de recuperación, podría rondar alrededor de los $4 mil millones. La guerra no es por el futuro de nuestro sistema educativo ni por nuestros niños; la pelea es para ver quién se lleva la mayor tajada del bizcocho. Así pues, el partido que controla la rama ejecutiva –el PNP– libra una batalla intestina para ver quién acomoda sus fichas en las oficina de finanzas, contratos y pagaduría del DE para picar adelante. Cualquier parecido con el caso de Anaudi y las hermanas Falcón en la AAA no es pura coincidencia. En la rama legislativa –del PPD– se libra una batalla para los nombramientos de puestos en las direcciones regionales, a la vez que ayudan a una facción del PNP en la batalla antes indicada. Una mano lava a la otra y entre las dos se lavan la cara.

Mientras tanto, el DE entra en un periodo crítico para la elaboración y diseño del manejo del próximo año escolar, sin tan siquiera haber comenzado los delineamientos de una estrategia educativa integral que nos ayude a sacar los pies del plato. Claro, a los políticos del legislativo y sus ayudantes, así como a los jefes de agencia poco les importa porque mientras tanto sus hijos y nietos estudian en colegios bilingües privados.

Es hora que comencemos a exigirles compromiso. Si de verdad quieren demostrarnos su entrega con la educación de nuestros hijos, pues que comiencen por sacar a los suyos y a sus nietos de los colegios privados para matricularlos en la escuela pública. Hasta que eso no ocurra, ni un voto más para ellos. Comencemos a preparar la lista.