Natalie Jaresko

La directora ejecutiva de la Junta Federal de Control Fiscal, Natalie Jaresko.

Hace unos días, la directora ejecutiva de la Junta de Supervisión Fiscal, Natalie Jaresko, dejó clara su intención de “gobernar” a Puerto Rico por los próximos cinco años, hasta al menos 2024. En esencia, afirmó que pretende estar al frente del gobierno por dos administraciones consecutivas. Si esto sucediera, la señora Jaresko se convertirá inmediatamente en la persona con mayor poder político en la historia de los Estados Unidos, pues ella nunca tuvo que pasar por el cedazo del pueblo a través de las urnas y ejerció su poder con el mollero que el imperio tiene sobre los colonizados. Mas allá, los miembros de la junta, incluyendo a Jaresko, han sido ambiguos en cuanto a la terminación de sus funciones en la Isla, dejando abierta la puerta a la permanencia de la junta por más de una década.

Estoy convencido de que los miembros de la junta próximamente llevarán su mensaje a Washington, DC, el cual se centrará en que, con ellos al mando de Puerto Rico, los acreedores del gobierno —todo aquel con deuda— recibirán su pago a tiempo y como corresponde y que, sin ellos, eso no se podrá garantizar, al igual que tampoco se garantizará el buen uso de los billones de dólares que recibimos anualmente en fondos federales. Esos son sus argumentos para seguir en Puerto Rico y tenemos que derrotarlos.

La realidad es que en Puerto Rico gobierna el Congreso y hasta que definamos nuestro destino político —sea bajo la estadidad, como quiere la mayoría del pueblo, o la independencia—, el gobierno federal podrá hacer con la Isla lo que desee, incluyendo dejar en su puesto a la Junta de Supervisión Fiscal por tiempo indefinido. El ejemplo, el mapa para hacerlo, ya está ahí.

En la década del 1990, la ciudad de Washington, DC fue puesta bajo lo que en esencia era una junta de control, esto por los enormes déficits presupuestarios y la falta de capacidad administrativa demostrada por sus líderes elegidos. El liderato político de DC no supo manejar la junta y el Congreso volvió a intervenir para aumentar los poderes del organismo y el tiempo de su vigencia. Este es el modelo al que Jaresko está apegándose.

Nosotros tememos que actuar para sacar la junta lo antes posible. Primero que todo, debe haber un consenso en que la imposición de la junta se debe a la falta de poder político que tiene la actual condición colonial de la Isla. Tiene, entonces, que haber voluntad para salir de este indigno estatus que permite que una junta tenga más poderes, no solo que un gobernador elegido, sino también de hasta los gobernadores designados por el gobierno federal antes de 1952.

Tenemos que ir al Congreso con una misma voz, no pedir sustitución de la junta por otro ente; más bien, hay que ir a exigir la erradicación completa de este organismo. Día y noche, el mensaje de los puertorriqueños, ciudadanos americanos todos, debe llegar a las puertas de cada congresista: “No a la imposición”.

Es mucho lo que podemos hacer, pero es más lo que debemos hacer si queremos evitar la perpetuidad de la gobernanza de Jaresko en Puerto Rico. Ese es el peligro que se avecina y tenemos que ser proactivos para evitarlo.