Estadidad

Partidarios de la estadidad para Puerto Rico. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

A través de los años los grupos minoritarios en los Estados Unidos han luchado por el logro de la igualdad política. Los tribunales —federales y estatales— han reconocido sus derechos en igualdad de condiciones con la mayoría blanca, que históricamente ha sido el factor político dominante desde las guerras de independencia. La inclusión dentro de la sociedad americana se dio en los lugares de trabajo, en el sistema escolar, las universidades y hasta en el deporte como lo es el emblemático caso de Jackie Robinson. La historia de la nación es la historia de la igualdad política.

Según puede verse, ningún grupo minoritario ha alcanzado el trato justo y la igualdad de oportunidades sin antes alcanzar la igualdad política. Lo vimos en el caso de Brown v Board of Education, cuando Linda Brown —a través de su padre— tuvo que llevar un caso para combatir la segregación racial, porque la escuela que estaba al lado de su casa era para blancos. Tras cosas como esta, el reverendo Martin Luther King tomó la batuta y su arma de combate fue la igualdad. Lo hizo luchando por los derechos civiles y logró legislación congresional a esos efectos. Luego obtuvo el logro de la igualdad al lograr legislación en el derecho al voto sin cortapisas como pasaba con los negros en los estados del sur. Fue una lucha fuerte y que, al decir de Nelson Mandela —pero muy distinto a Sudáfrica— el debido proceso de ley y la libertad de asociación en conjunto con el derecho de expresión, les permitió agenciarse con la victoria. (Véase Nelson Mandela, La larga lucha por la libertad).

De igual manera sucedió con las mujeres. Los casos de Griswold v Connecticut, que estableció que la prohibición de píldoras anticonceptivas viola el derecho de intimidad de la mujer; Loving v Virginia, declarando inconstitucional la prohibición del matrimonio interracial; Roe v Wade que declaró que la mujer tiene derecho al aborto por ser la dueña de su cuerpo; Lawrence v Texas que reconoció el derecho a la privacidad entre personas del mismo sexo; y Obergefell v. Hodges, que declara que el matrimonio es un derecho fundamental aunque, por otra parte, fortalece la libertad religiosa al expresar que las iglesias no están obligadas a celebrar matrimonios del mismo sexo.

Aunque la doctrina de estos casos se extiende a los ciudadanos americanos que residimos en Puerto Rico, lo cierto es que no gozamos de los mismos derechos que nuestros conciudadanos en los cincuenta estados. Al movernos de Puerto Rico hacia Texas, Florida o Nueva York adquirimos unos derechos que en nuestra patria no tenemos. Al regresar, esos derechos se pierden. ¿Por qué? Se trata del territorio, donde el pleno goce de las garantías constitucionales no se extiende a nuestro terruño ni a sus ciudadanos. “It is locality that is determinative of the application of the Constitution”, dijo el Juez Howard Taft en Balzac v. People of Porto Rico.

El juez Earl Warren, en una frase lapidaria para la historia, una vez dijo: “La ciudadanía es el derecho básico de una persona para tener derechos.” Ese principio jurídico no es aplicable a Puerto Rico por las circunstancias que todos conocemos. Es nuestra condición política la que convierte nuestra ciudadanía en una de segunda clase y ausente de la totalidad de los derechos. Eso no es justo. Que en esta Isla no podamos disfrutar de los mismos derechos y el trato igualitario que reciben los ciudadanos americanos en el continente y, por igual, en Alaska y Hawáii, demuestra que nuestra lucha por alcanzar la igualdad política y de derechos debe lograrse lo antes posible.

En la historia americana hemos visto esas luchas y el logro de la igualdad; los negros lo lograron, los hispanos también lo lograron, a las mujeres por su parte se les reconoció la igualdad, de igual manera pasó con el grupo LGBTT, y, a su vez, los religiosos han logrado reconocimiento en los espacios públicos y privados para practicar sus creencias. Todo eso va acompañado de las raíces culturales e idiosincrasia, siendo los latinos el grupo más conspicuo. (Véase William V. Flores & Rina Benmayor, Latino Cultural Citizenship: claiming identity, space, and rights).

Creo firmemente en la igualdad política. Que los puertorriqueños tengamos los mismos derechos que nuestros compatriotas americanos en los cincuenta estados de la Unión. La estadidad nos lleva a ser iguales en el derecho y en el deber. Como lo hicieron Luis A. Ferré durante su larga vida y luego Carlos Romero Barceló hasta estos tiempos; esa debe ser nuestra lucha sin descanso hasta que veamos a Puerto Rico convertido en el estado 51.

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