Sanse

Uno de los argumentos más sonados en la penosa controversia sobre la idoneidad de celebrar la Sanse, suspenderla, o posponerla, es aquel que aduce IMPACTOS ECONÓMICOS negativos a nuestra ya maltrecha situación fiscal. En principio parece ser el argumento más relevante, por no decir encendido (¿o incendiario?).

Los intercambios en redes sociales sobre el aspecto moral y de responsabilidad social alcanza niveles muy antipáticos y hasta crueles y no los pienso alentar más. Así que me propongo resaltar unos ángulos corroborables sobre —reitero— lo que considero las debilidades del ARGUMENTO ECONÓMICO.

1. De acuerdo con la alcaldesa de San Juan, y hasta el año pasado, la Sanse le cuesta al municipio capitalino entre $1.6 millones y $2 millones, de los cuales alrededor de $570,000 van destinados al pago de artistas y técnicos del espectáculo, unos $75,000 se destinan a costear las comidas del personal municipal activado, cerca de $600,000 se adjudican a las horas extras de los policías y otros empleados asignados a las fiestas, y unos $300,000 sirven para costear la transportación colectiva.

2. La propia alcaldesa reconoce que los ingresos propios de la Sanse son de alrededor de $500,000. Es decir, en su mínima expresión, el CÁLCULO PERDIDOSO de la organización de las fiestas es de $1.1 millones.

3. Lo peor es que los números no cuadran, de acuerdo con la propia matemática de la alcaldesa. Desde el punto de vista de los ingresos no recurrentes —esos que no ingresan/suman de forma regular, proyectables/asignados por política pública— el municipio ingresa cerca de unos $141,000 en recaudos por el IVU —entre restaurantes y kioscos, y estos últimos, si son artesanos, no pagarán IVU—, alrededor de $190,000 en auspicios comerciales, $53,478 en transporte colectivo pagado y unos $29,000 en multas a negocios. La cifra final es de $413,478, cerca de $90,000 menos de lo alegado por la alcaldesa.

4. Los números que presento son de 2019, con la visita de 11 cruceros que representaron cerca de 35,000 turistas. Este año, y con el pronóstico más esperanzador, se proyecta que lleguen apenas siete cruceros. Si a esos datos calculáramos una ocupación ideal del 100% de los 15,000 cuartos de hotel disponibles en Puerto Rico —y no solo en San Juan— con un promedio de tres personas por habitación, es decir, 45,000 visitantes, hablamos de 80,000 visitantes que presumiblemente acudirían a la Sanse. Esos 80,000 representarían “dinero nuevo” que se le inyectaría a nuestra economía. Eso es un 8% del público asistente. Es decir, que el 92% del público visitante a la Sanse sería local, lo que desbanca la idea de que la Sanse es un evento de carácter internacional.

5. Importante recalcar el concepto de “dinero nuevo”. Los ingresos de la Sanse provienen de un público local que compone cerca del 92% del mercado comprador/consumidor. Ese dinero gastado y/o vendido en Puerto Rico, durante esos cinco días de celebración, circula en nuestra economía, pero no promueve crecimiento. No es dinero que INGRESA, es dinero que RECICLA dentro del mismo mercado.

El interés de las clases artesanales y musicales es totalmente legítimo. Es comprensible la preocupación de los comerciantes. Es menos problemático el caso de los auspiciadores y agencias publicitarias tradicionales que trabajan con el dinero de sus clientes —precisamente los comercios y empresas— y no pierden nada; propiamente, dejan de ganar, que nunca es lo mismo… y soy publicista, por si acaso…

La Sanse hoy es una actividad perdidosa, desde un punto de vista estrictamente macroeconómico. Favorece a la clase artesanal y musical desde una perspectiva subvencionista del Estado. Lo primero son los hechos constatables de pura contabilidad de costos. Lo segundo se entendería mejor desde el contexto de un Estado social o solidario —lo cual me haría muy feliz— o si se quiere, un Estado capitalista “humano” o de economía mixta. En fin, me parece que el argumento del impacto económico es débil, o si prefieren, extensamente debatible.