CEE

Instalaciones de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).

En tiempos recientes hemos vivido momentos intensos de verdadera madurez democrática promovida por la gente. Los ciudadanos han demostrado tener más sabiduría y capacidad que sus políticos para enfrentar las crisis y las carencias que han aflorado desde esta pasada década. Las respuestas de los ciudadanos a las crisis naturales y sociales y su contundente rechazo a la incompetencia de sus gobernantes atestiguan la vitalidad democrática del País y han hecho emerger nuevas iniciativas en redes ciudadanas basadas en la generosidad, la solidaridad y la fraternidad que nos distingue como pueblo.

Las lecciones aprendidas han dejado claramente evidenciado que la ingobernabilidad de la sociedad surge como resultado del fracaso de los gobiernos de atender las demandas de la sociedad, resolver problemas complejos y formular políticas públicas efectivas y eficaces. Es evidente que las dificultades humanitarias causadas por los intensos sismos que nos vienen afectando desde el 6 de enero confirman nuevamente que luego de haber trascendido más de dos años de los huracanes que nos impactaron, el gobierno no ha logrado responder a las necesidades básicas de la sociedad y se han incrementado las carencias que viven miles de puertorriqueños en la pobreza.

Por décadas los políticos nos habían hecho creer que los problemas de gobernabilidad surgen de nuestra sociedad. Detrás de este argumento se ha pretendido invisibilizar el problema real de la incapacidad para gobernar de los gobernantes. Los líderes políticos se resisten a reconocer las deficiencias del proceso de gobernar en la falta de integridad política y de la incapacidad directiva de sus gobernantes. Para romper con esta perversidad tenemos que trascender la indignación y el coraje que nos movilizó a sacar a un gobernante que le falló a la confianza del pueblo y convertirlo en energía creativa para romper con la crisis del mal gobierno que nos ha despojado de nuestro derecho a vivir la verdadera democracia.

Por ello, en el proceso eleccionario que se avecina tenemos que ser capaces de combatir la degeneración del gobierno que surge esencialmente cuando los gobernantes se apartan del objetivo central de su gestión, que es la consecución del bien común. La coyuntura electoral del 2020 abre nuevos espacios para atender los desafíos prioritarios que enfrentamos para encaminar el desarrollo del País impulsando un ciclo de desarrollo reconstituido desde las capacidades de gobernanza como factor esencial.

Ahora bien, existen distintas miradas y formas de abordar la agenda de buen gobierno, por lo que no se trata de un camino carente de tensiones. El recorrido hacia un nuevo ciclo de prosperidad compartida y desarrollo inclusivo demanda capacidades de gestión política, con liderazgos capaces de identificar y responder constructivamente a las expectativas y demandas sociales. Exige que los políticos sean transparentes y rindan cuentas por los resultados de su gestión. Asimismo, con capacidad para formular acuerdos sobre el rumbo del País en beneficio de la mayoría, priorizando una visión y un proyecto de país que propicie el bienestar para todos.

Como ciudadanos tenemos la responsabilidad de llevar al próximo nivel nuestra madurez democrática. Parece obvio decirlo, pero no lo es… las crisis no se resuelven solas, los liderazgos de la sociedad tienen la responsabilidad y el deber de encausarlas para resolverlas y evitar que se extiendan por tiempo indefinido. A cien años del ensayo de Max Weber, que planteó que “el político por vocación debería estar al servicio del bien común antes que al servicio de dudosos ideales, que con frecuencia son la coartada para destruir o desvirtuar el bien común”, tenemos que rescatar la integridad y la capacidad política para cambiar la dirección del País.

No se parte de cero. Hay un importante consenso germinando sobre lo que debe cambiar y lo que se debe preservar. La realidad es que ni todos los políticos son corruptos ni todos los militantes de un partido actúan de una misma forma. Se puede hacer una política diferente, tener políticos diferentes y tener gobernantes con integridad política. Para ello, como ciudadanos tenemos la obligación de actuar y tomar decisiones diferentes en las urnas. Tenemos que exigir que el gobierno transparente la información y rinda cuentas, ejercer juicio crítico, utilizar la información para la solución de los problemas y fiscalizar la gestión pública.

Para romper con el círculo vicioso del mal gobierno tenemos que abrirle paso a una nueva generación de estilo político. Las acciones impostergables en materia económica, institucional y social que exige el País son una convocatoria para seguir sumando esfuerzos en el cierre de las brechas de distinto tipo y a promover un ejercicio político verdaderamente democrático que apunte a un país fortalecido en su capacidad de acción colectiva. La semilla está lista para germinar. La realidad no espera, el País tampoco.

Para ampliar estos temas visite nuestros portales en la web gobernanzapr.org y puertoricotransparente.org.

Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa