Devuelven libro a una biblioteca 52 años más tarde

Navegando por internet, encontramos este artículo sobre las bibliotecas de aula en el blog Biblioabrazo (http://biblioabrazo.wordpress.com/2013/02/20biblioteca-de-aula/).

Nos interesamos por el artículo, ya que es un tema que hemos estado conversando con un grupo de docentes. Como muy bien expresa la autora, Ana Nebreda: “son una herramienta perfecta para apoyar los objetivos curriculares y un espacio desde el que se motiva, invita y se proponen actividades relacionadas con la lectura, la escritura y la expresión oral” (para. 2). Es que la biblioteca de aula es el espacio más cercano al lector en el salón de clases. Es el lugar al que puede refugiarse cuando termina una tarea o cuando tiene un tiempito libre.

Una escuela puede tener una excelente biblioteca escolar, pero eso no impide que haya bibliotecas de aula o rincones de lectura como también se les denomina. A tales efectos, indica Nebreda: “Su uso es diario para consultas puntuales, búsqueda de información, lecturas personales y lectura grupal. La cercanía de los recursos de la lectura satisface las necesidades de información, complementan y amplían la curiosidad de los alumnos sobre los temas de estudio, alientan el hábito lector y además aportan la posibilidad de innovación en las metodologías del maestro” (para. 4). Si estamos comprometidos con mejorar las competencias lectoras de nuestro estudiantado, es vital contar con una biblioteca de aula y una buena biblioteca escolar. Ambas deben ser espacios que motiven a los estudiantes a leer por placer y por ende, a disfrutar de la lectura.

En algunas ocasiones, si la biblioteca escolar cuenta con muchos y buenos recursos, los estudiantes y los docentes pueden recurrir a esta para conformar la biblioteca de aula, junto a un fondo de libros que ya se tenga en el salón. De esta manera, los libros se podrían ir renovando de acuerdo con los temas de la clase o los intereses de los niños. Sin embargo, pensamos que es necesario contar con una biblioteca de aula, independientemente de que se tenga una buena biblioteca escolar, pues sus funciones son distintas, a nuestro modo de ver.

Cuando pensamos en la biblioteca de aula nos viene a la mente que esta debe contar como mínimo con: libros informativos, buena literatura infantil y juvenil, periódicos, revistas, cómics, libros escritos por los alumnos, entre otros. Siempre pensando en los intereses de los estudiantes y la materia que enseñamos. Por otro lado, debe incluir libros de diferentes niveles, no solo del “nivel” que se supone deben estar leyendo los niños o jóvenes de la clase. Recalcamos esto, pues a veces un libro que está dirigido a “adultos” sobre las exploraciones al planeta Marte, por dar un ejemplo, puede generar más interés a los niños y jóvenes que uno que haya sido escrito para niños. También, como bien nos expresa Nebreda, estas bibliotecas no solo deben estar disponibles en las clases de lengua. Si queremos fomentar la lectura y la escritura, también deben estar presentes en todos los salones de clase, especialmente si nuestro interés es fortalecer la lectura y la escritura en la escuela.

No podemos olvidar que la biblioteca en los salones de clase nos sirve para: familiarizar a los niños con el mundo de los libros, enseñar los hábitos de cuidado y manejo de estos, motivar la lectura por placer, practicar la lectura silenciosa o en voz alta, utilizar los libros informativos para ampliar información sobre determinado tema, escribir diferentes tipos de textos (diarios de lectura, cuentos, reflexiones), entre otros (para. 12).

Estas bibliotecas deben ser espacios vivos y dinámicos. En ningún momento se deben ver como depósitos de libros llenos de polvo o rotos. Están en los salones para utilizarlas diariamente. No tenemos por qué tener miedo a que los libros se rompan o se dañen, si enseñamos a los niños la importancia de los libros, su valor y su cuidado. Aquellos que todavía no cuenten con una biblioteca de aula, los exhortamos a empezar a organizarla. ¡Éxito!