gondolas vacias

Necesitamos una política pública que ponga el ambiente como prioridad. Es impostergable repasar lo que debimos aprender con el huracán María, los temblores y una pandemia. La realidad es que cuando pensamos en seguridad podríamos pensar primero en la criminalidad, pero hay otra cosa apremiante. Entre otros tantos asuntos ambientales que hay que atender, hay que ir a uno muy básico: necesitamos comer para vivir. Es un asunto económico y de supervivencia.

  Tanto la Organización de las Naciones Unidas como el Banco Mundial han señalado que los precios mundiales de los alimentos continuarán aumentando a través de los años. Ambos organismos apuntan a que esta tendencia del precio de los alimentos —tanto a precios nominales como a precios constantes (ajustados por inflación)— continuará su ritmo creciente, tal y como ha ocurrido durante los pasados diez años.

Ese aumento en el precio de la comida se atribuye a los serios problemas de cambio climático alrededor del mundo, que incluyen terremotos, tsunamis, huracanes, tornados, sequías prolongadas e inundaciones severas en países de amplias prácticas agrícolas. La reducción de terrenos agrícolas producto de la urbanización, el sobrearado y contaminación de los suelos también son razones que explican tal comportamiento. Por su parte, es un hecho la creciente presión del gobierno de la República Popular China por mantener abastos de comida para sus más de 1,300 millones de habitantes.

Ante este escenario internacional, Puerto Rico es altamente vulnerable a una crisis alimentaria por su alta dependencia de las importaciones y su baja producción agrícola. Entre las razones que apoyan este planteamiento podemos destacar las siguientes: primero, Puerto Rico produce menos del 15% de los alimentos que son consumidos localmente; segundo, dependemos de la importación de alimentos de países tan lejanos como China (segundo mayor importador de alimentos de Puerto Rico); tercero, contamos con unas 557,528 cuerdas de terreno agrícola subutilizado; cuarto, entre los años 2002 al 2007 más de 100,000 cuerdas de terreno agrícola se perdieron debido al desparramo urbano; y quinto, pero no menos importante, mientras diversas naciones ya tienen diseñado planes de acción para atender lo que se considera la peor crisis alimentaria mundial en 70 años, Puerto Rico carece de una política pública diseñada para enfrentarla. Por si fuera poco, en los pasados meses leímos cómo se perdían cosechas por falta de recursos humanos, que compañías privadas gestaron con alianzas extranjeras.

 Al momento, lo único que se ha propuesto en este tema es la Ley 133-2008, con el fin de reconocer como un asunto de seguridad alimentaria el fomento, el desarrollo, el impulso y la subsistencia de la agricultura del País, en todas sus acepciones. Estas atribuciones se le brindaron al Departamento de Agricultura y se le añadieron facultades al secretario de esta entidad gubernamental. Pregunto seriamente: ¿usted ha escuchado de esto? Al momento, desconocemos lo imperativo que pudiera ser este tema para el departamento y los mecanismos que ha llevado a cabo para prepararnos como país.

El tener qué comer nos ayudaría con otro problema: la pobreza infantil. Es momento de atar una causa con la otra. No solamente necesitamos alimento, es que no podemos ser el país que ignora que el 57% de la niñez vive bajo niveles de pobreza. ¿Recuerdan la batalla para abrir los comedores escolares? Hubo que pelear con el gobierno y se perdió comida, mientras escuchábamos en las noticias que había niños y niñas que dependían de ese plato diario. Si usted no ve la urgencia de tener la seguridad alimentaria con eso, no sé qué lo haría. Es un asunto de justicia social que tiene un impacto económico.

Hablemos de los eventos recientes. El huracán María destrozó, entre muchas otras cosas, la cosecha. Sí, esa cosecha que es solo el 15% de lo que consumimos. En tiempos de temblores, hablamos de comedores y felicitamos a los comedores sociales que ofrecen comida a niños y jóvenes. Entonces, llegó la pandemia y empezó a escasear la comida o algunos productos, porque los países, ante una emergencia, SIEMPRE deben escoger primero a su gente. Si tiene duda de su efecto, en algo tan simple y no relacionado a la agricultura: no hay salsa Alfredo.

No podemos depender de los barcos. No podemos depender de la importación. Hay que atender el tema de la seguridad alimentaria con urgencia y consistentemente. Se acerca la época de huracanes en Puerto Rico y sabemos lo que eso significa. Necesitamos la tierra, nuestra propia comida, nuestro propio desarrollo basado en nuestros más comunes platos y con eso podemos prevenir las góndolas vacías.