Pierluisi

En la foto el gobernador de Puerto Rico, Pedro Pierluisi. >Brandon Cruz González/EL VOCERO

Pedro Pierluisi no lleva cien días como gobernador de Puerto Rico, lleva mucho más tiempo ocupando posiciones de alto poder, con la capacidad para impulsar importantes cambios y evitar el derrumbe de las finanzas públicas. Pero, ha preferido mantenerse impasible ante los problemas que aquejan nuestra isla, optando por atender asuntos impertinentes en el momento más inoportuno de nuestra historia reciente, como la creación de una piña de personas por las que no votó el pueblo para agenciarse puestos de cabilderos pro estadidad en Washington, D.C.

Ya sea por ignorancia o conveniencia, algunos quieren matizar a Pierluisi como este personaje que acaba de llegar al panorama público del País. Por ello, su tránsito por la historia política y socioeconómica de Puerto Rico amerita un análisis retrospectivo desenfadado. A Pierluisi no les eran ajenas las condiciones en las que recibió las finanzas públicas, la crisis social y el decaimiento económico de Puerto Rico.

Recordemos que Pierluisi fue parte de varias administraciones directamente responsables de la crisis fiscal, social y económica que enfrentamos, comenzando con su incursión como secretario de Justicia durante la gobernación de Pedro Rosselló. Asimismo, como comisionado residente bajo la administración de Luis Fortuño, fue corresponsable del incremento del déficit acumulado de trece mil millones de dólares y una deuda pública que nos condujo a la quiebra. Tras dejar su cargo de comisionado, puesto que ocupó entre 2009 a 2017, entró en conflicto de interés al trabajar como abogado para la firma O’Neil & Borges, un bufete jurídico de consultoría externa que asesoraba a la Junta de Supervisión Fiscal mientras su excuñado, José B. Carrión III, se desempeñaba como su presidente.

También, fue testigo silente del estado de vulnerabilidad en el que quedó la Isla a raíz de la destrucción de María y el manejo criminal de esta emergencia que costó miles de vidas bajo el gobierno de Ricardo Rosselló, así como el sufrimiento causado por el gobierno de Wanda Vázquez que amapuchó provisiones destinadas a las víctimas de los terremotos, que fueron acumuladas y controladas con el fin de capitalizar políticamente esta ayuda.

Ahora, a pesar de su conocimiento cercano sobre las decisiones que desencadenaron la ruina fiscal del gobierno y sus consecuencias sociales y económicas, en lugar de proponer proyectos dirigidos a sacar a Puerto Rico del atolladero en que su partido nos ha colocado por los pasados y futuros años, Pierluisi prefiere entretenerse en una agenda mezquina para adelantar la estadidad, desenfocándose de las verdaderas prioridades que le corresponde atender.

Solo es necesario dar un breve vistazo al récord de Pierluisi, el ahora gobernador, para revelar que solo ha presentado cuatro proyectos ante esta Asamblea Legislativa. Ninguno de estos está dirigido a empujar un plan de desarrollo económico abarcador y efectivo que impulse y acelere nuevos emprendimientos, o detener el encarecimiento de los servicios de electricidad, agua y alimentos, como tampoco a manejar el estancamiento de la crisis de educación de decenas de miles de nuestros estudiantes que continúan recrudeciendo su rezago ante un mundo cada vez más competitivo.

Y quien crea que su verdadero interés es resolver definitivamente el asunto del estatus del País, debe preguntarse por qué no se sumó al proyecto radicado por las congresistas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio Cortés, que impulsa una consulta de pueblo. En cambio, su prioridad es la aprobación de un proyecto sin legitimación ante el gobierno estadounidense que busca llevar a cabo otra nueva consulta pro estadidad sin el aval de la mayoría del pueblo ni del Congreso.

Para ello, ha solicitado a la Cámara de Representantes que asigne dos millones de dólares del Fondo General para financiar la celebración de una elección especial que crearía una delegación congresional compuesta por un grupo de personas sin relaciones robustas en Washington, D.C. que nada va a resolver en la capital federal.

¿Cuántos techos rotos, casas destruidas, servicios de internet en escuelas, alimentos para personas frágiles y albergues para mujeres maltratadas podrían pagar esos dos millones de dólares? Pierluisi prefiere gastarlos en seis mercenarios políticos. Después de tantos años en el poder, parece no entender nuestro sufrimiento.