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En la foto el gobernador Pedro Pierluisi.

Los primeros meses de un gobernante podrían definir lo que sería el resto de su mandato. En Puerto Rico suele analizarse de esa manera. No obstante, la realidad colonial del País, lo que incluye la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal, más el atípico resultado de las pasadas elecciones, nos impiden en este momento realizar pronósticos del futuro de Pierluisi. Sin embargo, sí podemos estudiar sus primeros meses para inferir los distintos senderos por los que podría caminar su administración, así como para realizar críticas constructivas a fin de que las mismas aporten a la realización de los ajustes necesarios para forjar el bienestar de todos los puertorriqueños.

Primero: Desde el mes antes de su juramentación, el gobernador demostró madurez política, liderazgo y seguridad con sus primeros nombramientos. Los mismos se nutrieron de un selecto grupo de puertorriqueños de destacado carácter reconocido en general por la ciudadanía, junto con una conformación fuera de las típicas trincheras partidistas. La diversidad en el grupo, así como la mezcla de juventud y experiencia probada, brindaron un aire de esperanza. Tan efectivos fueron sus nombramientos, que hasta el presente, transcurridos tres meses desde su juramentación, en la Asamblea Legislativa, liderada por partidos de oposición, no se han atrevido a colgar ni a uno de los nominados, y lo más que han podido hacer es dilatar los procesos de confirmación como en espera de algún desliz de alguno de ellos, para así poder tener una excusa y colgarle sin tener que enfrentar el rechazo en la opinión pública.

Segundo: Pierluisi ha mostrado signos de haber entendido la diversidad del espectro político del Puerto Rico de 2021. Ha expresado apertura a planteamientos de política pública muchas veces rechazados en el pasado por dirigentes de su propio partido. Decretó un estado de emergencia en cuanto a la violencia de género; se ha expresado firme en contra de las terapias de conversión; ha señalado categóricamente que está en contra de recortes adicionales a la UPR; se reúne semanalmente con los dirigentes legislativos, los cuales son miembros del partido de oposición; exigió que los empleados públicos regresen a sus labores de manera presencial, al igual que en las escuelas; instruyó para que se establezcan sistemas que ayuden a detectar fraudes a las ayudas de desempleados por la pandemia, etc. Estos ejemplos denotan que tiene la capacidad de implementar iniciativas y medidas administrativas necesarias sin importar el sector ideológico que la propulse.

Tercero: En los primeros tres meses, Pierluisi ha demostrado que tiene la capacidad para hacer mover el aparato gubernamental de la rama ejecutiva. Ejemplo de ello, entre otros, son los logros en la liberación de ciertas partidas de fondos federales; las asignaciones presupuestarias para distintos sectores afectados por la pandemia; asignaciones para evaluaciones y reparaciones de escuelas afectadas; asignaciones para reparación vial y para la adquisición de equipos para regreso a clases presenciales, y el éxito en la implementación acelerada del proceso de vacunación, ubicándose Puerto Rico entre las primeras diez jurisdicciones del mundo en tasa de inoculación por cada 100 personas.

Ahora bien, noto con profunda preocupación en los primeros tres meses de Pierluisi demasiada confianza en la avalancha de fondos federales por liberarse y asignarse a corto y mediano plazo, como si los mismos fuesen una varita mágica que hará crecer la economía automáticamente y por ende todos seremos felices. Cuidado con eso. El problema de desarrollo de Puerto Rico – más allá del de crecimiento económico – es uno estructural, en el que la situación colonial tiene su tara de responsabilidad, pero no es la totalidad del mismo. A lo que me refiero es a que la descolonización de Puerto Rico es una condición necesaria, pero no suficiente para nuestro desarrollo futuro.

En estos primeros tres meses Pierluisi no ha logrado establecer su misión y visión para nuestro país más allá de canalizar los “billones federales”. Dentro del problema estructural que enfrentamos, muchos de esos “billones”, quizás la mayoría, al pasar por la ATH de la mega tienda o mediante transferencias bancarias retornarán a la metrópoli que los emite. Su reto principal es establecer claramente una misión y visión para que el remanente de esos “billones” sea utilizado en la creación del ecosistema necesario para retornar a las vías del desarrollo y creación de riquezas locales. En ello estribará el éxito o fracaso de su gestión, así como su página en la historia.