Verano del '19

Parte de las manifestaciones del Verano del '19.

Dos acontecimientos políticos serán recordados en la historia reciente como ejemplos de lo que no queremos que se repita ni en Puerto Rico ni en los Estados Unidos.

Uno de esos sucesos que nos marcó a todos los puertorriqueños durante el pasado cuatrienio fue la renuncia del exgobernador Ricardo Rosselló Nevares quien con desparpajo e insensibilidad le falló al pueblo al comportarse a un nivel no tolerado ni siquiera por sus seguidores, quienes invocaron un posible proceso de residenciamiento. El joven científico que utilizó la estadidad como punta de lanza para sostener su candidatura nos engañó a todos ocultando su verdadera personalidad. En público trataba de proyectar una imagen humilde, pulcra y sensata mientras en privado era todo lo contrario. Ante el reclamo y el sonoro repudio de un pueblo defraudado e indignado, no pudo concluir su término y tuvo que salir del País cabizbajo y desprestigiado. Hay que reconocerle a Rosselló Nevares que en su renuncia imperó la cordura. De haber pretendido quedarse sabía que hubiese provocado más allá de una resistencia democrática; una revolución política. Recientemente ha dicho que quiere rehabilitar su imagen. Demasiado tarde. Los pueblos no perdonan. Ricardo Rosselló aparecerá en los libros de historia como el primer gobernador que tuvo que renunciar al cargo y las futuras generaciones conocerán y estudiarán las razones para ello. Debe aceptar que el resto de su vida debe estar apartada de la política, por lo menos en Puerto Rico.

En Estados Unidos Donald Trump, un experimentado empresario, llegó a su fin como presidente y con él los desmanes de la prepotencia, la testarudez, la xenofobia, la falta de respeto y el discrimen. Su candidatura en 2016 fue una mala broma que el pueblo norteamericano con sus votos convirtió en realidad. Nunca creí que Trump y su excentricidad pudiera tener oportunidad en la democracia norteamericana. Pero la verdad es que Donald Trump no engañó a nadie. Fue él mismo todo el tiempo y quienes le respaldaron estaban consientes de lo que hacían. Aún ante la derrota su fortaleza fue y continúa siendo el nacionalismo extremo. Un nacionalismo que es capaz de provocar la insurrección para sostener un poder político que raya en la dictadura. Donald Trump, por sus excesos, su negación a aceptar la adjudicación de los votos electorales, su llamado beligerante a la insurrección y la entrada a la fuerza de sus seguidores al Capitolio federal —poniendo en peligro la vida de senadores, representantes e inclusive el vicepresidente Mike Pence— pasará a la historia como el primer presidente con dos procesos de residenciamiento.

Esos dos sucesos a los que he hecho referencia deben llevarnos a una reflexión sobre aquello que mueve a diferentes personas a participar en la vida pública y a desperdiciar su momento de aportar a edificar una mejor sociedad. En ambos casos los electores se convencieron de que los candidatos electos eran las personas adecuadas. Les respaldaron y durante sus mandatos les justificaron, en muchas ocasiones sabiendo que estaban equivocados, pero al final se arrepintieron. En el primero de los casos clamaron por su renuncia, en el segundo le derrotaron. ¿Qué llevo a Rosselló a que la vulgaridad definiera su proceder si ello no era necesario para lograr sus objetivos? ¿Qué llevó a Trump a ser tan ofensivo para mantenerse en el poder, a no aceptar el mandato popular, a provocar que se hablara de incapacitarle invocando la enmienda 25 o enfrentar un segundo residenciamiento para destituirle e inhabilitarle de aspirar nuevamente a la presidencia?

Los dos políticos que hemos mencionado de una u otra manera han pretendido tomarle el pelo a los pueblos que han dirigido. Se excedieron en la forma de gobernar. Los pueblos tratan de protegerse de los excesos de sus gobernantes. No siempre lo consiguen. En los países democráticos por lo general se protegen con la libertad de expresión, la libertad de reunión y el derecho al voto que contienen sus constituciones. Cuando eso falla se protegen de los excesos con las armas, las revoluciones y los golpes de estado. Trump incitó festinadamente y sin recato estos tres últimos contra su propio gobierno para mantenerse en el poder.

En Puerto Rico hemos atravesado circunstancias difíciles y hemos aguantado. No ha habido necesidad de acciones ulteriores. Respetamos los resultados electorales, aunque no nos favorezcan. Estados Unidos también lo ha hecho aun a costa de su reputación. No obstante, en ambos países hay un mecanismo constitucional de protección redescubierto que se llama residenciamiento y que está basado en el orden, la legalidad, la cordura, el respeto a la institución de la gobernación y la presidencia, y el amor que se tenga al país. El uso del residenciamiento es indicativo de que los pueblos no perdonan y están dispuestos a salir de sus gobernantes cuando estos afectan el bien común y la estabilidad.