Capitolio

El Capitolio de Puerto Rico. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

A apenas dos semanas para que termine la primera sesión legislativa de este cuatrienio, estamos recibiendo un mensaje —a todas luces equivocado— tanto de la legislatura como de la rama ejecutiva.

Por un lado, hace poco vivimos la inolvidable e inaceptable decisión de la Cámara de Representantes de colgar la nominación de Larry Seilhamer por razones netamente políticas, y hoy todavía sorprende el hecho de cómo hay funcionarios nominados que no han sido ni confirmados, ni rechazados por el Senado.

Se nota claramente la ruptura en la comunicación entre el poder Legislativo y el Ejecutivo, reconocida prácticamente por los propios funcionarios; una situación que merece mucha atención porque provoca una crisis de gobernabilidad en Puerto Rico.

El cisma se nota más profundo entre la Cámara —más que con el Senado— y La Fortaleza, por lo que quizás sería más razonable que el presidente cameral pueda actuar como puente de entendimiento entre todos los involucrados para el beneficio de Puerto Rico.

El mensaje definitivamente está muy claro, pero es el equivocado. Cada cual luce que está halando para su lado y el problema es que el pueblo es el que está en el medio.

No podemos entender cómo en los primeros seis meses de este gobierno apenas se hayan promulgado siete leyes. Si nos dejamos llevar por lo que hemos visto, la repartición de culpas no se hará esperar; la justificación será que la culpa es del otro.

La necesidad de crear nuevas leyes y revisar otras es de gran importancia en nuestra Isla.

Es una utopía pretender que todas las fuerzas políticas de un gobierno compartido —Legislatura y Ejecutivo— abandonen el partidismo para trabajar en armonía por el bien del País, porque los ideales siempre chocan con los del contrario y las opiniones nublan la razón.

Pero es el deber de nuestros funcionarios bajar el diapasón de la política partidista y buscar terreno común que les permita encontrar las soluciones para que los ciudadanos puedan recibir lo que se merecen, puedan estar protegidos y puedan ser atendidos; en fin, que se les cumpla lo que les prometieron.

La capacidad de negociación en la política es algo que se ejerce en todo momento. Posiciones encontradas siempre han existido y existirán, pero cuando lo que está en juego es un pueblo, tienen que sentarse y dialogar para encontrar el punto intermedio en el que se logre lo mejor para Puerto Rico.

Aquí no hay triunfadores ni perdedores particulares; cuando las cosas salen bien, el triunfo es del pueblo porque para esto fueron ustedes elegidos. La culpa es de todos ustedes, de todos los partidos, cuando algo sale mal.

Estamos seguros de que ustedes aman a Puerto Rico, por lo que les pedimos que actúen en concordancia.

Detengan este mensaje equivocado y cambien la dinámica.

Todavía falta mucho tiempo para las elecciones.