Encendido Fortaleza

¿Sabías que el corazón puede latir de 2,000 a 3,000 millones de veces a lo largo de tu vida? Precisamente, la película Last Christmas provoca -a través de imágenes vívidas inspiradas en el corazón- una recapitulación minuciosa sobre nuestra vida, en distintos escenarios, hasta la actualidad. Es un recorrido por los momentos felices y no tan felices del contexto familiar contemporáneo, matizado por los prejuicios inherentes a la diversidad, la xenofobia, la fragilidad de la mente y del cuerpo, la crisis económica, los cambios territoriales ante asuntos políticos y económicos vigentes, la llegada inoportuna de la vejez con sus carencias y el carácter disfuncional en algunas familias. Es decir, un retrato de la sociedad actual.

Kate (Emilia Clarke) es el chivo expiatorio de una parentela ya casi londinense -adoptada en tierra ajena por los caprichos del poder y el exilio-, particularmente, desde la mirilla de la puerta de un sistema familiar torcido. Está constituido por un padre sumiso, una madre incisiva aun en plena senilidad y una hermana de relación no tradicional oculta que anhela la suerte y aciertos de la protagonista, pese a sus vivencias intensas. En medio de ellos, Kate se enfrentará a la libertad y la crisis paradigmática más importante de su vida, a través de la llegada de un "ángel" terrenal. Precisamente, Tom (Henry Golding) viene siendo esa pieza clave que faltaba en su existencia para precisar la importancia de vivir cada momento a plenitud y, a la vez, construir un mundo fundamentado en la hermandad, en el amor desde la interdependencia y en el simple, pero invaluable acto de mirar hacia lo alto. El filme dotado de musicalidad, momentos jocosos y cierta dosis de nostalgia nos plantea los cambios necesarios para humanizarnos, ante la llegada de 2020.

Definitivamente, son muchas las consideraciones que surgen a la luz de lo vivido en esta década que está a punto de finalizar. Desde la paradoja laboral (los adultos retirados retoman los empleos ante la necesidad y la juventud se ve limitada a empleos “por contrato” o múltiples trabajos), las relaciones frívolas "sin contrato" -mediadas por la poca costo efectividad del amor, en pleno 2019, la cibercultura del “I”/ “Yo” y las luchas incesantes entre los opuestos diversidad-homogeneización- son solo algunos de los temas que subyacen de esta historia navideña ubicada en Londres.

Ya se acerca la temporada de Navidad y, con ello, hasta nuestro semblante cambia. Sin embargo, ¿cambian nuestras formas de mirar la vida? ¿O solo es un patrón repetitivo, de felicidad intermitente, de aceptación limitada y de apariencias? ¿Qué nos falta, como “sistema familiar mundial”, para poder optimizar nuestra calidad de vida? ¿Cuándo entenderemos que los primeros cinco años de desarrollo de un niño o niña -esos que, precisamente, no te acuerdas, en tu adultez- definirán aspectos importantísimos de tu identidad y tus decisiones actuales? ¿Cuándo dejaremos de jugar a la Edad Media con los miembros de la familia, a la hora de estigmatizar o señalar determinadas diferencias? ¿O a la hora de imponer -como materia obligatoria- determinadas doctrinas o creencias, religiosas o políticas?

Last Christmas nos invita a romper patrones y a destruir creencias limitantes. Alude a los que actúan como agentes de cambio y provoca a los que han elegido permanecer en sistemas tóxicos, a dar el giro necesario. Seduce a todos los que tenemos que aprender un poco de Kate y Tom, como imágenes de un espejo maravilloso, que gira entre lo terrenal y lo sublime, entre la cotidianidad y lo existencialista: desde el cuerpo y el alma.

Toca de cerca a los que reconocen la conexión inextricable que existe entre todos y a quienes valoran la existencia. Va dirigido a los que tienen hambre de cambiar. A los que saben observar hacia el infinito, desde lo finito de nuestro ser. A fin de cuentas, ¿cuándo entenderemos que esta pudiera ser nuestra última oportunidad para evolucionar? Ya se aproxima el inalcanzable 2020, ¿ya lo habías reflexionado?

Atrévete.

Mira hacia las alturas.

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