Covid-19

El proceso de vacunación contra el Covid-19 continúa alrededor de la Isla. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

Puerto Rico avanza —dentro de sus posibilidades y recursos disponibles— en las labores de vacunación contra el coronavirus, en tanto registra una baja sucesiva en las cifras reportadas de contagios y hospitalizaciones asociados a la pandemia.

El panorama, sin embargo, no puede llevar a nadie al error del exceso de confianza porque la pandemia como tal no ha cedido, porque en todas partes siguen activas las fuentes de contagio y porque a cualquiera se le quiebra la salud o, sencillamente, se le va la vida a causa de un segundo de descuido.

Como han reiterado las autoridades de salud, la comunidad científica y demás expertos salubristas, lo que todo ciudadano responsable debe hacer es redoblar el uso de mascarilla, evitar las aglomeraciones, practicar con conciencia el distanciamiento físico y ser riguroso con el cumplimiento de todos los protocolos de higienización.

Bajar la guardia no es opción, más aún cuando el gobierno acaba de reportar la presencia en la Isla de la variante británica del Covid-19, identificada como B.1.1.7 y clasificada como la cepa con mayor capacidad de contagio.

Según consigna el secretario de Salud, Carlos Mellado, una mujer puertorriqueña procedente de Europa —donde reside— se encuentra hospitalizada y es la única portadora confirmada de esa variante del virus. Mientras, la Ponce Health Sciences University estudia otras tres muestras sospechosas de B.1.1.7, según explicara a EL VOCERO la doctora Kenira Thompson, vicepresidenta de investigación de la institución universitaria. Hay que resaltar que una de las muestras bajo evaluación data de noviembre último.

De ahí los nuevos grados de vulnerabilidad en que nos colocamos como país y, con ello, la exigencia de disciplina y responsabilidad social en el manejo de esta catastrófica crisis de salud que nos afecta desde marzo de 2020, cuando el primer caso fue detectado.

Desde entonces, y hasta ayer, acumulamos cerca de 175,000 casos, entre confirmados y probables, con un saldo de casi 2,000 fallecidos.

El momento en que nos encontramos demanda ajustes continuos en la estrategia, no solo en lo que concierne a la coordinación interagencial y la dinámica de la vacunación a cargo de la Guardia Nacional de Puerto Rico y el Departamento de Salud. También es obligatoria la fiscalización mayor al cumplimiento de las reglas de salubridad en áreas de intensa actividad comercial, económica y social, como por ejemplo las zonas turísticas.

Porque es preocupante el continuo reporte de incidentes con turistas procedentes de distintas jurisdicciones estadounidenses, quienes se exponen y caminan sin mascarilla por lugares como el sector del Condado, en San Juan. Y lo hacen arriesgando su salud y la de los demás y cubiertos de impunidad, toda vez que no aparece ni una sola autoridad capaz de orientarlos e inducirlos a cumplir con las reglas que todos estamos obligados a seguir.

La apertura gradual de la actividad económica —entre ella el turismo— no puede ser permitiendo comportamientos nocivos que no ayudan, sino que neutralizan las políticas contra la pandemia y malogran los esfuerzos hacia la recuperación. Ese comportamiento abusivo de turistas se ha documentado en la vía pública —como hemos dicho—, pero también al interior de hoteles y, peor aún, en las entradas y pasillos de los condominios donde muchos de ellos rentan alojamiento vacacional.

Como parte de los esfuerzos de normalización, es crucial que se trabaje con todo empeño el estado de emergencia anunciado por el gobernador Pedro Pierluisi para la rehabilitación de los planteles escolares, con miras a la reapertura gradual de la docencia presencial en marzo.

Se requiere efectividad plena en el trabajo con la infraestructura y en la logística dirigida a dotar a la comunidad escolar de los recursos de protección y seguridad a que tienen derecho el estudiantado y el personal docente y no docente por igual.

La misma importancia reviste la conducción de las contrataciones de bienes, obras y servicios para este proyecto. Si la transparencia y la honestidad no acompañan cada transacción, la medicina que necesita la emergencia sanitaria en las escuelas terminará siendo peor que la enfermedad.