La Fortaleza

Foto de La Fortaleza. >Archivo/EL VOCERO

El nuevo gobierno enfrenta el desafío de propiciar la gobernabilidad en un nuevo escenario de gran incertidumbre y complejidad. Los resultados electorales de 2020 afirman que el País experimenta una transformación sistémica que debe dar paso a cambios estructurales de gran trascendencia para mejorar la gobernabilidad y forjar la cultura de buen gobierno que exige el País para atender los desafíos económicos, fiscales y sociales. En esta coyuntura, el gobierno entrante debe focalizar su agenda en un contexto de nuevas realidades que favorecen y reclaman nuevas formas de gobernar.

La pandemia Covid-19 ha afianzado las debilidades de la gobernanza y las capacidades institucionales que ya venían deterioradas. Asimismo, nos ha planteado grandes lecciones que debemos utilizar para encauzar los cambios trascendentales que nos plantea la nueva época que vivimos. El reto inmediato del gobierno entrante es cristalizar las prioridades de la sociedad de una manera clara, transparente y fácil de comunicar y lograr atender de manera eficiente las necesidades esenciales de la población para guiar la implantación de políticas públicas eficaces para desarrollar la economía y propiciar el bien común de la sociedad.

En el fondo de estas nuevas realidades, el gobierno entrante encara una crisis de credibilidad y un deterioro de la confianza de nuestras más importantes instituciones gubernamentales, incluido el sistema electoral. Entre los factores que han contribuido en gran medida a esta situación se encuentran los problemas de gobernanza, las políticas públicas desacertadas y fragmentadas, la negligencia fiscal, la falta de capacidad institucional y directiva, la ausencia de competencias de liderazgo, dirección y administración y el marcado incremento de la corrupción pública.

La desconfianza en nuestras instituciones continúa provocando una desconexión peligrosa y preocupante entre la sociedad y las instituciones públicas que pone en riesgo la cohesión social y debilita las posibilidades de encaminar la transformación del País. Es indudable que los gobiernos han fracasado en lograr resultados para resolver los problemas más apremiantes de la población porque han enfocado su gestión en las soluciones y no en la definición clara de los problemas de la sociedad y las necesidades esenciales de la población.

Los problemas constituyen el eje de la acción gubernamental, la materia prima del proceso de gobernar. Por ello, generar resultados para atender problemas complejos como los que vivimos exige reconocer que tenemos que desarrollar políticas públicas coherentes y trabajar en redes de gobernanza, lo que implica diversidad, pluralidad e inclusión de actores e intereses que se juntan para coproducir soluciones y resultados para generar gobernabilidad.

Revertir el espiral descendente de la confianza en la gestión gubernamental exige que la administración entrante focalice su agenda pública en mejorar la calidad de la gobernanza; delinear un mapa de ruta para el desarrollo económico, una reforma de la estructura gubernamental y un conjunto de medidas para enfrentar el grave problema de la opacidad de la información que fomenta la corrupción para eliminar la percepción de impunidad que ha prevalecido hasta el presente. Asimismo, es imprescindible formular de manera prioritaria presupuestos abiertos y equilibrados y un plan fiscal que atienda las necesidades esenciales de la población y que priorice el pago de las pensiones.

El verdadero desafío para cerrar la brecha entre buen gobierno y bien común consiste en adoptar estrategias y procesos concertados y fundados en pro de una mejor gobernanza y formular políticas económicas que propicien la prosperidad compartida y el bien común de la sociedad. La necesidad de construir sinergias y generar complementariedad para articular, focalizar y optimizar las acciones de apoyo e inversión requiere de una estrategia que permita incrementar el impacto de los programas, proyectos y políticas públicas y reducir la duplicidad de esfuerzos para un uso más eficiente y focalizado de los recursos limitados disponibles.

El futuro de Puerto Rico es responsabilidad de todos y se construye con las acciones concretas que tomemos HOY. No podemos rehuirle a la coyuntura histórica de la nueva época que nos ha tocado vivir. Los cambios estructurales que debe llevar a cabo el sector político y el sistema de gobernanza pública para afrontar los retos que encaramos son monumentales. La clave para ser exitosos está en saber valorar la diversidad de experiencias y saberes del mosaico de instituciones y actores que componen la sociedad para estimular la coproducción de ideas y configurar las bases fundacionales requeridas para construir un mejor país.

Está claro que tenemos que retomar el rumbo del buen gobierno para crear oportunidades. La prosperidad compartida y el desarrollo social inclusivo serán una realidad si mejoramos la calidad de la gobernanza y cada sector aporta desde su quehacer a su construcción con auténtico interés por el bien común. En este quehacer contamos con el talento, la voluntad y el compromiso de todos.

Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa