PPD

La delegación del PNP en la Cámara de Representantes ha demostrado que son capaces de cualquier cosa si eso redunda en llegar al poder y satisfacer el afán de lucro para sus allegados, en caso que Pedro Pierluisi gane las elecciones. Basado en sospechas de lealtades adversas a su candidato, la estrategia inmediata es masacrar reputaciones con total menosprecio de la dignidad de las personas afectadas y sus familiares. Es algo que nunca había sucedido dentro de un mismo partido. 

Este cuerpo legislativo -presidido por una persona que votó contra Pedro Pierluisi en su nominación para Secretario de Estado por entender que tenía serios conflictos de interés y recientemente invitó a pelear a un legislador-, ha referido a personas al Departamento de Justicia, la Oficina de Ética Gubernamental y al gobierno federal por delitos que no especifican cómo se configuraron. Es una narrativa de especulaciones y misterio que como tinta de calamar tiene el propósito de encubrir sus oscuras intenciones y no de esclarecer si algún delito fue cometido.

Las personas mencionadas en el informe tienen que buscar abogados que cobrarán caro su representación, pasarán por un vía crucis emocional que afectará a sus familiares. Están en medio de un tiroteo iniciado por los representantes del PNP que solo buscan matar políticamente a la gobernadora para salirse con la suya y poder asirse con el botín del poder. En ellos la estadidad nunca ha estado dentro de sus prioridades; solo la usan como una servilleta para limpiarse la boca y luego bajar la cadena, pues la Cámara es el puerto donde ancla el colonialismo del PNP.

Esto me recuerda la campaña de 1984 cuando dos semanas antes de las elecciones, el Senado popular sacó a última hora unas especulaciones sobre los sucesos del Cerro Maravilla para influir en el resultado electoral. Aunque mancharon la reputación de Carlos Romero Barceló acusándolo de asesino sin prueba alguna, lo único entendible que lograron fue que aquello eran ataques en tiempos de vendaval político.

Las acusaciones infundadas con motivaciones políticas son peligrosas. Se trata de todo un cuerpo legislativo que en el uso de fondos públicos activa toda su maquinaria para adelantar la candidatura de una persona que hasta ahora no sabemos si tiene el respaldo necesario de la base para prevalecer. Ante esto la persona investigada está indefensa porque -como lo evidencia este atropello- se enfrenta a unos legisladores desquiciados por la gula del poder que ven a la persona como enemigo a sacrificar. Como típicos colonialistas venden el alma para retener el poder.   

En el pasado legisladores del PNP han sentido y sufrido la acusación maliciosa, y por el bien de la justicia y alegría de todos, salieron airosos. Fueron víctimas de procesos mal intencionados que afectaron a sus familiares, y demostraron que contra ellos había una vendetta cometida con evidente contumacia. Sin embargo, ahora su acción es un remolino de mezquindad y con sus actos se han convertido en otro partido político antagónico a la igualdad de derechos para el puertorriqueño ciudadano americano. Un PPD en miniatura con la moral de malos penepés, pero buenos populares.

De las mismas vistas que abusivamente y con arrogancia celebraron se demostró que, con la excepción del donante y contratista, Juan Maldonado, los funcionarios de gobierno envueltos, en el peor de los casos y dentro de la emergencia de una pandemia, solo cometieron deficiencias administrativas. Los reglamentos internos de la agencia y su manual de disciplina proveen para la acción correctiva de los empleados de existir alguna violación a los procedimientos. 

Ernie Cabán, con aguda perspicacia jurídica lo analizó de manera insuperable al decir que la investigación terminó como empezó, “con evidentes irregularidades administrativas en el proceso de compra y referidos por delito a las autoridades que pueden ser políticamente correctos, pero jurídicamente absurdos, incurriendo en un gasto mayor que la inexistente pérdida.” Verdad como un templo. El dinero pagado por las pruebas fue recuperado por el gobierno, por lo que no se perdió ni un centavo. Contrario al acto de fuegos artificiales de la Cámara donde el derroche fue sin escrúpulo alguno.

El peor enemigo del PNP es el mismo PNP. Ser miembro de ese partido es un peligro, pues a cualquiera le fabrican un caso. Lo fatal es que en noviembre hay un referéndum, pero a ellos no les importa. Por hacerle el trabajo sucio a su candidato esta refriega es devastadora para la igualdad política, que de sufrir una derrota podría atrasarse por más de una generación. En primarias o elecciones estos colonialistas retardatarios deben ser derrotados.

Mario Ramos, Historiador