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Las manifestaciones en contra del contrato de LUMA para operar áreas de la AEE han continuado en diferentes puntos de la Isla. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

La Utier no truncó la vida de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Sin embargo, pagan los platos rotos.

La causa de la debacle fueron decisiones de directivos y oficiales nombrados por afinidad política y no por su capacidad, experiencia, conocimiento o liderato. Entregaron la joya de la corona a LUMA, empresa canadiense inscrita el 17 de enero de 2020, que alega ser “creada, comprometida y centrada en las necesidades de Puerto Rico”.

Enfatizamos que el fracaso de la AEE no fue causado por la Utier. La debacle de la AEE resulta de continuos errores de visión, misión, finanzas, administración, planificación, dirección, servicio, supervisión y obstinación por energía fósil. Todos matizados por la siempre presente política partidista.

Es precisamente por el matiz partidista que sorprende la postura de un bando político que tuvo la dirección y control de la entidad durante varias décadas y que hoy está molesto y desconcertado por lo ocurrido. Callaron por mucho tiempo, facilitando continuos fracasos, culminando con la irresponsable decisión que nos ocupa.

Nombramientos con respaldo político durante décadas dirigieron el continuo deterioro en la infraestructura financiera, productiva, administrativa y de servicio en la AEE. Sin embargo, los causantes del desplome continuarán haciendo de las suyas con los activos de generación que retienen.

En su Visión, Misión y Metas, la AEE presenta: “Ser una compañía competitiva; con mejores prácticas y tecnologías; planificación integrada; mejor futuro energético; servicio eficiente, seguro, económico, confiable; clientes son nuestra mayor prioridad; reducir el costo energético; devolver la credibilidad de la corporación pública…” Es obvio que sus juntas de directores, comités ejecutivos, múltiples gobiernos y asambleas legislativas no los leyeron o no los entendieron. Si los leyeron, su intención nunca fue dirigir la corporación con buena gobernanza en beneficio del pueblo.

Cuando una organización hace caso omiso a los principios que constituyen su código de conducta, niega el propósito para el cual fue concebida. Se convierte en un ente que existe para incumplir y soslayar preceptos de ética, ecuanimidad, transparencia y rendición de desempeño.

Es en este contexto que llega LUMA a la AEE. El pueblo, conociendo el legado de Whitefish, Cobra y Ondeo, anticipa que lo peor está por venir y levanta voz de alerta. Muy poco, muy tarde.

W. Edwards Deming, difusor de la calidad total en organizaciones y autor intelectual del milagro empresarial japonés de la postguerra, enfatizaba que 94% de los errores en una empresa no eran causados por sus recursos humanos. Eran de las políticas, procesos y sistemas definidos, implementados y diseñados por la gerencia. No por empleados.

Los eventos de 1973 en la OPEP debieron levantar bandera en la AEE que la realidad del mercado energético mundial se transformaba y no volvería a ser el mismo. Medio siglo después sus juntas y gerencia no lo han entendido. Tampoco la Asamblea Legislativa, gobernadores y sus gobiernos.

Hoy, tras cinco décadas de tratar y no poder, la AEE continúa errando y tapando errores con el creativo y multifacético zafacón llamado “ajuste por combustible”.

¿Cómo utilizará LUMA esa criatura mal concebida y muy abusada? Pronto sabremos.