Elecciones

Comenzó el año electoral. Primarias, elecciones generales y referéndum en agenda. Partidos tradicionales, emergentes y movimientos insertándose en la contienda aspirando lograr el apoyo del votante para presentar algo “nuevo, distinto, innovador” en favor del pueblo. Personas alegando que no son “políticos”, pero inmersos en la política activa como aspirantes y políticos mostrando sus dotes de actuación cual artistas de toda una vida. Afortunadamente, la historia, el récord, permite a los electores identificar las motivaciones reales de todos. De ese escrutinio no escapa nadie. El actual escenario político, las circunstancias electorales presentes, resultaban inimaginables hace 10 meses atrás. Un gobernador que renuncia y una secretaria de Justicia asumiendo el cargo, luego de un pleito en los tribunales que definió el asunto del orden de sucesión en La Fortaleza, cambió el panorama eleccionario. Las consecuencias políticas a lo interno del PNP que tuvo la salida del gobernador electo; la inconsecuencia de los aspirantes a la gobernación del PPD tras la negativa de aspirar del candidato “favorito” de la pava en las encuestas (David Bernier); la incursión (válida y legítima) en la política de artistas, comediantes (algunos del vacilón), deportistas y analistas, abonan al clima actual rumbo a unas elecciones generales. Todos haciendo, desde su perspectiva, una aportación a la discusión de la situación de Puerto Rico. En algunos casos, más estridencia que ayuda, más búsqueda de “pautas” que sugerencias o propuestas, pero a eso tienen perfecto derecho. Esa es la democracia y la valoramos.

¿Por qué ocurre esto? ¿A qué se debe toda esta turbulencia? Lamentablemente, Puerto Rico vive hoy en tres dimensiones. La primera es la dimensión de la realidad de la calle, con elementos positivos y otros negativos de nuestra vida cotidiana. Algunos de esos elementos atribuibles al gobierno y otros no. La segunda dimensión, las redes sociales, donde personajes ficticios o una cuenta “troll”, interaccionan con usuarios reales y dependiendo de su propósito tratan de mover la opinión pública con información que no es necesariamente correcta o en ocasiones es deliberadamente falsa. La tercera dimensión es la que algunos sectores de la prensa tratan de crear como “real”. Se trata de un híbrido producto de las dos primeras elaborado en las salas de “redacción” y los departamentos de “noticias”. Ese es el campo de acción en el cual nos movemos y vivimos.

En múltiples ocasiones, algún “fake news” (una información falsa), se torna viral y se “reporta” como noticia de una “fuente”. Luego no se aclara o corrige porque “vendió bien”, pautó a alguien o sirvió de entretenimiento. De igual forma surge algún personaje, con alguna “denuncia” de abuso, corrupción, mal manejo, o negligencia” del gobierno. Cuando se examina, ese “denunciante” en algunas ocasiones tiene un récord social, criminal o de desempeño público o privado peor que el de su “denunciado”.

Resulta imperioso lograr que se razone antes de llegar a conclusiones. Es importante entender la faena de “desinformar” y diluir la verdad que utilizan algunos para adelantar causas políticas o ideológicas. Es inconsistente apoyar al dictador Maduro quien secuestró la democracia en Venezuela, condenó al hambre y la miseria a su gente y entonces acusar de “genocidio” al Gobierno de Puerto Rico. Es insostenible hablar de tolerancia y diálogo, destruyendo, vandalizando, agrediendo, golpeando, incendiando.

Nos corresponde a todos, arreciar en el trabajo, en la agenda de aportar al desarrollo económico desde cualquier plataforma sea pública o privada. Cada uno decidirá en cuál o cuántas dimensiones quiere sumergirse.

La que mayor satisfacción provee es la del trabajo en la calle, con la gente, sin discursos comunistas con vivencias capitalistas o meras pretensiones de pautarse.