La Fortaleza

Foto de La Fortaleza. >Archivo/EL VOCERO

La impostergable regeneración que requiere la actual situación de deterioro de la gobernanza pública y la obsolescencia de nuestras instituciones exige configurar un proyecto de buen gobierno y transparencia de la acción pública. En el contexto de la gobernanza se habla de regeneración para referirse al proceso y la capacidad de renovación de las prácticas de gobernar y las capacidades institucionales requeridas para resolver los problemas de la población y propiciar el bien común de la sociedad. Esta realidad exige que las instituciones respondan a las demandas de la población que varían constantemente para producir resultados y construir oportunidades para la mejor convivencia en sociedad. Implica la capacidad de seleccionar problemas sociales y buscar soluciones para ellos e implementarlas.

En buena medida, como tan persuasivamente argumentó Max Weber, los desafíos considerables y persistentes de la eficacia y la legitimidad del gobierno y sus instituciones deben verse con preocupación ya que amenazan con menoscabar la capacidad de gestión del gobierno. En esta instancia, en la pasada década los estudios de investigación realizados por el Centro de Gobernanza Pública y Corporativa y los ensayos publicados por el Observatorio Puerto Rico Transparente han constatado la realidad de que la gobernanza requiere regeneración porque ha enfermado y le corresponde a todos los implicados sanarla.

Por ello, fortalecer la gobernanza, la integridad y la transparencia para mejorar los resultados de la gestión pública es un desafío para todos. Para atender este reto, los resultados de los estudios de investigación han planteado la necesidad imperiosa de transparentar la información como principio fundamental del derecho de los ciudadanos para tener acceso a los datos que se generan durante el proceso de hacer gobierno, así como la implementación de iniciativas de gobierno abierto y apertura de datos para propiciar la rendición de cuentas.

En este sentido, la transparencia y el acceso a lo público es una demanda que no cesa en el afán de que los gobernados no se sientan ajenos al curso de los asuntos colectivos. A diferencia de otros tiempos de la historia contemporánea, la pandemia del coronavirus ha puesto mayor énfasis a la publicidad y la visibilidad de la información que permite a los ciudadanos la oportunidad de evaluar la gestión gubernamental más de cerca, destacando en particular el impacto de las políticas públicas en la vida de cada ciudadano.

Como política pública, la transparencia se explica en función de la gobernanza, ya que se relaciona con las prácticas horizontales del ejercicio del poder en las cuales los gobernados tienen el derecho a informarse sobre el comportamiento institucional del Estado. En este contexto, los tiempos de las sociedades pasivas han quedado atrás. Se requiere de gobiernos vigorosos con instituciones efectivas para asegurar que el bienestar, el orden y la estabilidad sean los ejes sobre los cuales descansan los rumbos de la vida pública.

La transparencia es propia de las sociedades abiertas que reclaman ante el gobierno el derecho que tienen para conocerlo, monitorearlo y evaluarlo con el fin de asegurar que el bien común de la sociedad y el interés público estén al centro de la gestión pública. Consecuentemente el nexo entre gobernanza y transparencia tiene valor público desde el momento que los ciudadanos tienen el derecho de acceder y conocer las acciones de su gobierno, lo que es consustancial a que los ciudadanos son los actores principales en el ejercicio de la democracia.

A la luz de los cambios impostergables que surgen como resultado de la pandemia, la transparencia, la gobernanza y la gobernabilidad abren espacios a nuevas formas de convivencia para renovar la democracia y posibilitar el derecho de los ciudadanos para conocer y evaluar las acciones de sus gobernantes. En este sentido, las políticas públicas de transparencia crean el contexto para la regeneración de la gobernanza y la reconstrucción institucional para impulsar la mejora de las condiciones de vida de la sociedad a partir de conseguir acuerdos básicos y asegurar que los problemas y conflictos se traduzcan en oportunidades de cooperación y eficacia para potenciar la calidad de vida de la sociedad.

Ha llegado el momento de dar un salto histórico basado en las lecciones aprendidas para mejorar las prácticas de gobernar y reconstruir las bases institucionales de la sociedad para fortalecer la democracia. Hay que regenerar la gobernanza y vigorizar la gestión pública con la finalidad de mejorar la prestación de servicios públicos, disminuir el gasto público y mejorar la calidad, la eficiencia de sus instituciones y su administración. Para superar el deterioro y las deficiencias que exhibe el gobierno al presente, es imperioso abandonar las malas prácticas que han erosionado la esencia del servicio público y propiciado la corrupción.

Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa