Rafael Hernández Colón

Hernández Colón logró su primera victoria en la carrera por la gobernación en las elecciones de 1972.

Hoy, 24 de octubre, conmemoramos el 84 aniversario del natalicio del exgobernador Rafael Hernández Colón. Y aunque oficialmente nació el día 18 de octubre, esta fecha tiene un significado especial toda vez que fueron sus padres – Rafael y Dora – quienes optaron por inscribirlo el día 24 de octubre de 1936, por ser el día de San Rafael.

No hay duda que la vida de este distinguido e ilustre puertorriqueño continúa tocando la fibra de todo un pueblo, que se niega a olvidar aquellos hijos que dejaron enormes huellas en la gesta patriótica del servicio a sus semejantes.

La vida de Rafael Hernández Colón es inigualable y sobre él se ha escrito mucho. Conocemos su legado como gobernante, senador y servidor público; como jurista y autor; como defensor de la cultura, el deporte y el quehacer colectivo; además, como hombre de fe, padre de familia y amante de su pueblo.

Pero hay, sin embargo, una faceta de Hernández Colón que personalmente me apasiona y no deja de asombrarme; y es su compromiso con la educación y su inmensa confianza en la juventud puertorriqueña, eje transformador de cambios y reserva moral del pueblo.

Pero cuando hablo de su amor por la educación, no me refiero únicamente a sus años como profesor universitario, conferenciante o como autor de libros en el campo del derecho; me refiero, más bien, a las grandes lecciones que nos ofreció a lo largo de su vida y, con igual ímpetu, desde el ejercicio del poder, hasta en la pasiva y sencilla vida que le acompañó en sus años de retiro.

Rafael Hernández Colón no solo era un profesor de aulas, sino un educador de ejemplos; no solo dictaba artículos y citaba libros; sino que enseñaba con sus acciones y su palabra. Practicaba lo que predicaba y más aún, se imponía mayor disciplina y rigurosidad de lo que le exigía a los demás.

Durante las dos décadas antes de su partida, tuve la oportunidad de compartir con él de múltiples formas, en diversos lugares y conversar sobre innumerables temas; y honestamente, puedo decir sin miedo a equivocarme, que no recuerdo una sola ocasión en haberlo escuchado usar palabras hirientes o despectivas contra otro ser humano.

Aún con sus detractores políticos - que muchas veces le insultaban - les respondía con su habitual silencio, que, no niego, a veces me desesperaba porque me parecía injusto que se quedara callado. Pero él, con su paz interna y su grandeza de espíritu, sabía ser tolerante y escoger sus peleas.

Hernández Colon era responsable, organizado y accesible. Recuerdo que mientras ocupé un escaño en la Cámara de Representantes por tres términos y como secretario de Asuntos Públicos bajo dos gobernadores distintos, cada vez que me enfrentaba a un asunto neurálgico o una legislación compleja lo llamaba para pedir su consejo.

Pero Hernández Colón, hasta en una llamada telefónica, te educaba. En esas consultas, nunca me dijo lo que tenía que hacer, mucho menos cómo votar; sus palabras se limitaban a los documentos que sugería debía leer y estudiar sobre determinado asunto.

Mas aún, en esa búsqueda necesaria, la única guía que debía usar - me decía - era identificar la posición más justa y equilibrada que pusiera el interés colectivo por encima del individual. 

De hecho, siempre me recordaba que para tomar la decisión correcta o la menos mala, debía escuchar los argumentos de todas las partes primero, porque, según decía, nadie tiene el monopolio de la verdad. 

Por eso, Hernández Colon no instruía, sino educaba; que son dos cosas distintas.

No fue sorpresa, que una vez decidió salir de la política en 1992, creó la fundación que lleva su nombre y cuya sede está en su ciudad natal de Ponce. Su propósito, era abrir un espacio de discusión que permitiera darle continuidad a la incesante búsqueda de convertir en realidad, los grandes sueños de todo un pueblo.

Hoy, la Fundación Rafael Hernández Colón, dispone de un archivo histórico, un museo, una biblioteca infantil, un Centro de Historia Oral, la Escuela de Liderazgo, la Sala de la Historia Constitucional de Puerto Rico, un auditorio, la Sala de Conferencias y el Salón de Actividades para visitantes y público en general, accesible a estudiantes, investigadores e historiadores, y para el uso de entidades educativas, culturales y del tercer sector.

Y cónsono con eso, el pasado viernes, en la víspera de su natalicio, la fundación que lleva su nombre, suscribió un acuerdo de colaboración con EDP University of Puerto Rico y su presidenta, la ingeniera Gladys Nieves Vázquez, para el desarrollo de un nuevo Instituto de Política Pública que llevará su nombre.

Este extraordinario proyecto, le dará vida al anhelo del exgobernador Hernández Colón de convertir los espacios de su fundación en una institución académica que les abra las puertas a los estudiantes y jóvenes de toda la isla.

Por esa razón, no hay momento más oportuno para presentar este nuevo Instituto de Política Pública Rafael Hernández Colon, que en la fecha de su natalicio. Es la forma correcta de honrar a un ser humano excepcional, que dio cátedra de civismo e integridad y cuyo legado se convierte ahora, en lecciones de bien para las generaciones del porvenir.