electores votando

La consulta de estatus Estadidad Sí o No serpa el próximo 3 de noviembre junto a la votación general.

Estamos en la recta final hacia el día de las elecciones. Es la temporada de debates, caravanas, mítines, anuncios y discusiones entre familiares y amigos.

En medio de una pandemia, esas actividades quedan modificadas por el distanciamiento social y las debidas precauciones que todos debemos tomar. Aun así nada nos salva de los dimes y diretes, de la desorganización caótica de debates como el efectuado entre el presidente de Estados Unidos y aspirante a la reelección por el Partido Republicano Donald Trump y su oponente por el Partido Demócrata, el exvicepresidente Joe Biden. En la Isla, tenemos varios candidatos apartándonos del modelo tradicional de tres candidatos principales.

Es un ritual cuando uno llega a los 16 años sacar la licencia de conducir y a los 18 inscribirse para ejercer su derecho al voto. El voto como derecho ha sufrido enormes transformaciones legales. En los siglos 18 y 19, solo votaban los varones adultos, la mayor parte hacendados o comerciantes. En Estados Unidos, solo votaban los hombres con recursos económicos. Las mujeres y las personas descendientes de esclavos no contaban.

La Enmienda 13 a la Constitución de Estados Unidos abolió la esclavitud, pero no fue hasta que se aprobó la enmienda 15 que los descendientes de esclavos pudieron votar. Aun así el presente reclamo por justicia racial es evidencia de que la segregación y la discriminación por razón de raza ha marginado a millones de electores en Estados Unidos y por supuesto aún nos afecta aquí y allá. Ese racismo que Roberto Clemente, mi puertorriqueño favorito, héroe inmortal, sufrió en su paso por las grandes ligas y describió con las siguientes palabras: “Estoy convencido de que todos somos iguales, pero uno tiene que luchar fuerte todo el tiempo para mantener esa igualdad”.

Las mujeres lograron el derecho al voto luego de que sufragistas, tales como Luisa Capetillo, Franca de Armiño, Rosario Belber, Milagros Benet entre muchísimas otras, denunciaran la desigualdad electoral. Finalmente, en 1920 se aprobó la enmienda 19 que prohíbe el negarle el derecho al voto a una persona por razón de su sexo. La enmienda logró mucho, pero queda mucho por hacer para lograr la equidad. Fue por su fervor defendiendo la igualdad de género que generó la admiración a la recientemente fallecida juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg a quien una vez le preguntaron: Ya hay dos mujeres en el Supremo ¿Cuándo será que habrá igualdad? A lo que contestó: “Cuando hayan nueve”. Gustavo Arellano, periodista de Los Angeles Times escribió que “la mejor forma de honrar su legado es salir a votar este próximo 3 de noviembre.”

A tres años de la devastación provocada por el huracán María, nuestro voto debe tener rotunda resonancia. Nuestro pueblo ha sufrido y mucho. Las 2,975 vidas segadas por el ciclón merecen estar en nuestra conciencia al ejercer el sagrado derecho de votar. La periodista Nicole Acevedo de NBC News citó a una trabajadora social quien dijo “la recuperación de Puerto Rico, si es que se puede llamar así, no ha sido gracias al gobierno.” Buen punto. Los boricuas que votamos aquí y allá somos testigos de cómo hemos sido tratados tras sufrir huracanes, terremotos y la pandemia Covid-19.

Mi ilustre profesor de derecho, ya fallecido, Don Miguel Velázquez decía que el derecho es rogado y si no se ejerce es letra muerta. Nunca olvidaré en mis años como reportera y luego como juez lo patente que ese derecho se veía cuando se contaban las papeletas. Así que el 3 de noviembre ¡a ponerle vida al derecho!