Dinero

Definitivamente, tenemos que colocar en la agenda de prioridades la revisión del salario mínimo. Hace diez años que el Congreso aprobó el último aumento a $7.25 la hora, y no se vislumbra cambio en el futuro inmediato. La lentitud congresional ha provocado una oleada de legislaciones estatales y municipales en Estados Unidos para aumentar los salarios de los trabajadores y hacerlos más justos frente al costo de vida. Recientemente, 29 estados han aprobado salarios mínimos por hora más altos que el federal. Por ejemplo, en los estados de Washington y Massachusetts, es de $12. Incluso, ha habido gobiernos municipales que también lo han hecho: entre otras, ciudades como Nueva York con $15 y Sea Tac, Washington, con $16.09. Desde hace más de tres años, estudios revelan que, para poder satisfacer sus necesidades básicas, los trabajadores puertorriqueños deberían tener un salario mínimo entre los $8 y $9 por hora.

El salario mínimo se estableció por primera vez en Estados Unidos con la Ley Federal de Normas Razonables del Trabajo de 1938 (FLSA, por sus siglas en inglés) bajo el programa “Nuevo Trato” del presidente Roosevelt. Desde entonces, cada vez que el Congreso aprobaba un aumento en el salario mínimo federal, los gobiernos del Partido Popular siempre solicitaron exenciones o tratos distintos para los trabajadores puertorriqueños. Por ejemplo, si el Congreso aprobaba un aumento en el salario mínimo a nivel nacional para ser totalmente efectivo en menos de uno o dos años, las administraciones del Partido Popular solicitaban que en Puerto Rico se tardara hasta 5 o 6 años de manera escalonada. Cuando los trabajadores de la Isla llegaban a recibir la totalidad del aumento federal en sus salarios, ya el aumento en el costo de vida lo había convertido en sal y agua. Con esa política antitrabajadores del Partido Popular, se creó un sistema de decretos mandatorios aprobados localmente con más de un centenar de salarios mínimos distintos y miserables.

Esa injusticia salarial, en una Isla con uno de los costos de vida más altos en Estados Unidos, se frenó durante la primera administración de Carlos Romero Barceló. A finales de los ‘70, el PNP legisló para, por primera vez en la historia, otorgar a los trabajadores la igualdad en el salario mínimo con los trabajadores de todos los estados. Posteriormente, en los años ‘80, el Partido Popular derogó la ley de Romero Barceló y despojó a los trabajadores de ese derecho adquirido. Regresaron al viejo sistema de los decretos mandatorios y la inferioridad salarial. Durante la administración de Pedro Rosselló, sin embargo, volvimos a restituir la igualdad en la aplicación del salario mínimo federal en Puerto Rico con la ley 84 del 20 de julio de 1995. Así ha continuado. Ya el Partido Popular no se atreve a plantear lo contrario.

En Estados Unidos, el salario mínimo promedio que se paga realmente fluctúa entre los $15 y $17. En Puerto Rico, ese promedio real o efectivo es mucho menos. Tenemos patronos que aquí pagan mucho más que el mínimo federal. No obstante, tenemos una “camarilla” de patronos miserables. Son los que quieren ganar todo al menor costo. Cada uno tiene una gran historia de penas y lamentos, pero varios de ellos ganan mucho dinero sin hacer justicia a sus trabajadores. Es en esos casos donde la acción gubernamental es necesaria para evitar abusos sin perjudicar al patrono que realmente no puede pagar más.

A principios del siglo XX, la legislación federal de protección a los trabajadores era casi inexistente. Imperaba “la ley del patrono”. El empresario automotriz Henry Ford, sin embargo, pensaba que su empresa no prosperaría mucho si sus trabajadores no ganaban un salario suficiente para comprarle un automóvil.

Ford Motor Company se fundó en 1903. Tenía 450 empleados con una jornada diaria de 9 horas y fabricaba 10 mil automóviles. Sus empleados solo ganaban $2.50 por día, lo que todas las empresas de esa industria pagaban en la época. A partir de 1914, sin que la ley lo obligara, Ford duplicó el salario de sus empleados y les redujo la jornada a 8 horas. Logró reclutar 14 mil trabajadores y su producción aumentó a casi 250 mil automóviles. El ausentismo se redujo a solo 2.5%. La productividad aumentó entre el 40% y 70% por trabajador y los beneficios crecieron 20%. Casi de inmediato, el alto volumen del negocio le permitió a Ford reducir el precio de sus automóviles Modelo T de $800 a $350 y muchos de sus empleados comenzaron a comprarlos. Ford terminó siendo billonario, sus empleados vivieron mucho mejor y todos contribuyeron al fortalecimiento de la economía nacional.

La economía de ningún pueblo prospera con salarios miserables. Mientras más ganan los trabajadores, viven mejor, producen y consumen más fortaleciendo la actividad comercial. Es hora de que todos lo entiendan.