Maestras genérica

Cada año que pasa se le hace más difícil al Departamento de Educación contratar educadores certificados en las materias que ellos denominan de “difícil reclutamiento”. Por lo general, estas materias suelen ser matemáticas, inglés, educación especial y ofrecimientos técnico-vocacionales. Sin embargo, hoy hacen falta maestros preparados en estas disciplinas académicas y en muchas otras, como: maestros de inglés elemental, maestros de educación secundaria (todas las materias), maestro bilingüe, maestro de idiomas extranjeros, maestros de educación especial (todas o casi todas las áreas), maestros ocupacionales y técnicos (casi todas las áreas) y maestros para la modalidad Montessori (escuela elemental).

La pregunta obligada sería: ¿Se producen pocos maestros en el País? La respuesta más lógica sería suponer que sí. Pero sería muy simplista responder de esa manera, ya que en la Isla hay muchas escuelas especializadas preparando y graduando maestros (Universidad de Puerto Rico, Universidad Interamericana, Universidad Sagrado Corazón, el Sistema Universitario Ana G. Méndez, entre otros). Creo que el País produce la cantidad suficiente de recursos profesionales aptos como para satisfacer la necesidad apremiante de maestros en las escuelas públicas. En otras palabras, la oferta cubre la demanda.

Entonces, ¿a qué se debe la falta de maestros en el sistema público de enseñanza? El problema puede ser multifactorial, desde disciplinas académicas muy especializadas —para las que existen pocos recursos humanos bien preparados— hasta las sorprendentes condiciones de empleo. Sin embargo, son estas últimas las que motivan el mayor grado de movilidad de maestros fuera de las aulas públicas. Incluso, estas condiciones de empleo no motivan a los maestros recién graduados a hacer su ingreso al sistema público. Muchos prefieren irse al sistema privado de educación (en algunos casos, con mejor salario y beneficios, y de seguro con un mejor trato profesional) o buscar un empleo que le aporte más beneficios en la empresa privada, aunque sea en otras carreras u oficios.

¿Cuáles son los requisitos y condiciones de empleo a las que se enfrenta un maestro de nuevo ingreso en el Departamento de Educación? Sin pretender ser exhaustivos, estos serían: contar con un bachillerato en educación; aprobar las Pruebas de Certificación de Maestros (PCMAS); un salario base de $1,750 mensuales (vigente desde hace unos doce años); ofrecer seis horas diarias de trabajo a la semana (cinco clases y una hora de tareas docentes: reuniones, planes, evaluaciones de estudiantes, llamadas, tutorías, responder correos electrónicos, plataformas electrónicas, etc.); Atender grupos —con un promedio de 25 alumnos— muy heterogéneos: dotados, inmigrantes con limitaciones lingüísticas, diversidad funcional (educación especial, sección 504), bajo los niveles de pobreza y de privación de cultura, con problemas sociales y del hogar, rezago académico, etc.; ocupar salones tradicionales de enseñanza y aprendizaje: pupitres, pizarras, libros de textos, papel y lápiz (la experiencia virtual es nueva); laborar a solas, con poca o ninguna participación de padres, madres y encargados en los procesos educativos de sus hijos; rendir múltiples horas de trabajo sin paga —desde su hogar— para estar preparado y al día en sus tareas docentes; cumplir con veinte horas de ética gubernamental cada dos años, y trabajar por más de treinta años, sin un retiro digno en su vejez y sin los beneficios del Seguro Social.

Es obvio que cumplir a cabalidad con estas tareas docentes conlleva mucho tiempo, muchas horas de trabajo, tanto con paga o sin ella. Sin embargo, el maestro gana menos de quince dólares la hora. Juzgue usted si un educador puede mantenerse él y a su familia de una manera decorosa con ese inmerecido salario. Por eso, el recurso más valioso de la educación está en extinción.