Gobernador Ricardo Rossello

En la historia de nuestra isla ningún gobernador ha renunciado, pero el hecho de que no haya ocurrido no quiere decir que no haya llegado el momento. El gobernador definitivamente es un ser humano y está constantemente asediado por las críticas de la oposición política, la prensa y de todo aquel que no esté de acuerdo con sus propuestas. Es padre, hijo, hermano y esposo. Cada uno de estos roles trae consigo inmensas responsabilidades, las cuales no dudo intenta desempeñar al máximo de sus capacidades. El gobernador, por su edad, también representa de manera muy viva la esperanza de esta isla, nuestra juventud. Ahora bien: ¿Qué le pasó, señor gobernador?

Puerto Rico está en crisis. En crisis económica, social y política. En nuestra isla la desigualdad social es abismal. El gobierno no tiene el dinero suficiente para pagar sus deudas y la fila de acreedores es interminable. Y cada cuatrienio la lista de políticos o de personas nombradas por políticos a puestos de alta jerarquía que han sido arrestados es vergonzosa. Para colmo de males, no tenemos un presidente de los Estados Unidos que nos quiera mucho y nosotros nos encargamos de darle más motivos para sus comentarios en contra de Puerto Rico. Nuestra isla necesita que esto acabe ya y me parece que si habíamos tocado fondo a nivel económico, ya tocamos fondo a nivel político.

Gobernar en estos tiempos es una tarea muy difícil y requiere de personas con un autocontrol supremo. La naturaleza humana, a mi entender, ha sido la misma en los 50, 60, 70, 80, 90, 2000 y en el presente. El problema o la bendición en el presente es la tecnología. Sirve para bien, pero también para mal. No dudo que en la política de antaño hubiera comentarios parecidos a los del señor gobernador. Con la ventaja para aquellos de que nada constaba por escrito en una aplicación de comunicaciones que guarda todo lo que se escribe. Para aquel entonces, 100% de las comunicaciones informales entre amigos eran verbales. No creo que haya habido santos entre los políticos anteriores de Puerto Rico y de cualquier otra parte del mundo. El que quiera ser político en estos tiempos sepa que las reglas del juego cambiaron y que está siendo evaluado, monitoreado y escrutado todo el tiempo y que la tecnología puede ser su mayor enemigo. Aprendan que ya las caretas se acabaron y que tarde o temprano el pueblo sabrá quién eres y cómo te expresas de los demás.

Ahora bien, el señor gobernador se ha desnudado en medio de la plaza pública. No ha dejado margen a la interpretación o la duda. Lo que es él como persona, ha quedado al descubierto. Si no tuvo ni el más mínimo cuidado con sus comunicaciones personales o “privadas”, ¿qué confianza podemos tener nosotros con relación a sus gestiones o comunicaciones profesionales? Todos cometemos errores, pero el error del gobernador es contra toda nuestra isla. Nos falló y parece muy claro que nos ha estado engañando desde que empezó su gobernación. Sus expresiones no son las adecuadas para el máximo representante de nuestra isla. Al gobernador, se supone, que le queda mucho trabajo importante por hacer; sin embargo, está inhabilitado para continuarlo.

El gobernador, al faltarle el respeto a tanta gente, perdió el respeto de la gente. No sé cómo alguien confiaría en la palabra del gobernador al proyectarse de una manera y ser de otra. El daño a una isla quebrada y necesitada de credibilidad es incalculable. El pueblo de Puerto Rico merece una mejor calidad de vida y el señor gobernador se está llevando de por medio sus esperanzas. Señor gobernador, considere su posición y, por el bien del pueblo de Puerto Rico, desista de continuar al frente de los destinos de nuestra isla. El daño a la figura del gobernador es severo y debemos comenzar inmediatamente a rehabilitarla con otra persona.