cesar vazquez

>Archivo/EL VOCERO

Proyecto Dignidad responde a la existencia de un amplio sector en Puerto Rico que por años ha recibido la censura y el olvido de algunos medios. Son cristianos que trabajan en silencio, sin afán de protagonismo, porque sus mejores armas son el ejemplo de manera franciscana, la ayuda al prójimo y la defensa y preservación de la familia. Son principios cardinales que los guiaron desde su comienzo y hoy son el partido político que todos subestimaron, que desde el ostracismo salieron a la superficie histórica para defender lo que nadie defendía.

Cuando anunciaron que se inscribirían como partido muchos se rieron y se burlaron. Hicieron hasta chistes crueles y recibieron lo peor que puede recibir una persona que viene con buenas intenciones y con las flores del amor en la mano como obsequio: los más injustos y peores ataques. Sin embargo, recogieron casi 60 mil endosos, siendo el mes de diciembre su mayor activismo al recoger poco más de 28 mil.

Comenzaron como un grupo minúsculo, pues como sabios cristianos saben que un movimiento de fe y de amor al prójimo puede comenzar con la prédica de una sola persona bajo un árbol y al cabo del tiempo ya hay una iglesia edificada y una institución de adoración al creador y de servicio a la comunidad. Es de la semilla que nacen los grandes bosques que dan sombra a todos aquellos que la necesitan y creen en la verdad de que más allá de la muerte hay otra vida que es eterna.

En esto tuvo papel protagónico el Dr. César Vázquez. Hombre a veces solitario y que en ocasiones ha sentido la triste soledad por ser de los pocos que va a los medios a defender la doctrina cristiana que incluye el amor, la preservación de la familia y la ética de vida y de trabajo de todo un pueblo. No fue ayudado por muchos de las iglesias por el temor y la prudencia de que los atacaran al relacionarlos con algún partido político, pero de los que se atrevieron a ayudarlo con la espada de la valentía hay que destacar a los pastores Wanda Rolón y José Vicente.

Con él, y un pequeño grupo, organizó desde el anonimato lo que hoy es todo un partido político que obtuvo casi el 7% de los votos en las elecciones y que logró elegir a dos legisladoras a la Cámara de Representantes y al Senado de Puerto Rico, Lizzy Burgos y Joanne Rodríguez Veve, respectivamente. Aunque no debemos menoscabar el desempeño de Ada Norah Henríquez, que como candidata a comisionada residente hizo un papel ejemplar y notable en los debates y captura de votos.

Este es un movimiento que tiene diversidad ideológica —aunque en su mayoría son estadistas— pero que el agente catalítico para su formación y evidente unidad lo son la familia y los más altos valores cristianos, pues ese fue el principal motivo de su fundación.

Atacados con el mote de fundamentalistas, donde el ataque lleva la pintura del odio, sus detractores olvidan que en Puerto Rico existe un universo de fundamentalismos con características pintorescas y vida propia, como lo son: el político, donde los nacionalistas tienen un rol protagónico; el cultural, con el abuso del patrioterismo por parte del Partido Popular y el sector melón del independentismo; el deportivo y su vocabulario de lo mejor de dos mundos, y, ¿por qué no?, el religioso en sus diversos matices. Todos estos fundamentalismos, de una manera u otra, son dogmáticos. Han creado un sistema para entender la realidad sociológica y política de nuestro entorno.

Es una realidad que algunos de estos sectores —mayormente el cultural— proyectan a Puerto Rico como el ombligo del mundo, sin menoscabar que esa realidad evidencia la diversidad y el pluralismo en todos los órdenes que experimentamos.

Los líderes y miembros de Proyecto Dignidad demostraban en sus actividades su limpieza de espíritu reflejada en la mirada. A través de esas ventanas en forma de pupilas podíamos ver su pureza y amor por Puerto Rico. Es algo que impresionaba y hasta emocionaba al saber que debajo del ruido mediático hay todo un mundo de bondad y gente buena que desea lo mejor para su patria, sin odio ni agendas particulares.

Gracias a Proyecto Dignidad la nueva composición legislativa es sociológicamente representativa del Puerto Rico contemporáneo. Se han atrevido a ser soldados de la fe, que van con el arma del compromiso de servirle a una patria que se nos queda atrás porque los egoísmos y la corrupción carcomen la fibra moral de nuestro pueblo. Armados con los principios que el pueblo valora, ya están listos para dar la gran batalla.

Mario Ramos, Historiador