Tierra y Libertad

El anarquismo fue un influyente promotor de las luchas agrarias desde mediados del siglo XIX. Fue un movimiento que surge en Rusia en 1860 y aunque fue reprimido no murió, pues en 1878 comienza a publicarse un periódico donde se planteaba la redención del campesinado y la defensa de la tenencia de la tierra y del campesino como propietario. En este último año se adopta el eslogan de Tierra y Libertad, que tuvo eco en otras partes del mundo.

Este eslogan significa que la condición de libertad va unida a la tenencia de la tierra y los recursos que el campesino pueda obtener para una mejor vida. O sea, la propiedad es una forma de libertad y lo contrario sería lo más cercano a la servidumbre o esclavitud, donde los trabajadores agrícolas serían peones sin beneficio laboral alguno, con un mísero jornal en condiciones paupérrimas de trabajo.

Para 1888 el anarquismo había plantado bandera en España. Se publica un periódico con el nombre de Tierra y Libertad. En Barcelona y Madrid hay avances a favor de los derechos de los trabajadores. Para la década del treinta, poco antes de la guerra civil, “fue uno de los periódicos más leídos en España.” Hubo momentos donde la tirada llegó a 30 mil ejemplares. Impresionante para un medio de difusión política. Desde 1977 ha vuelto a publicarse mensualmente.

Debemos significar que durante la guerra civil española hubo un movimiento anarquista que apoyaba a los republicanos con el nombre de Columna Tierra y Libertad. Al perder la guerra muchos de sus miembros emigraron a México.

El caso emblemático de toda lucha por los derechos de los campesinos fue la revolución mexicana y su figura cimera, Emiliano Zapata. En su lucha revolucionaria el hijo de Anenecuilco adoptó temprano el eslogan y su significado del anarquista Ricardo Flores Magón. Tierra y Libertad sería su grito de guerra y aspiración para él y para la masa de campesinos que representaba. Con el mismo título, en 1916 Flores Magón escribió una obra de teatro que con relativo éxito llevó a escena. (Véase John Womack, Zapata y la revolución mexicana).

La influencia del zapatismo y los principios filosóficos de la revolución mexicana, entre ellos el lema Tierra y Libertad, tuvieron eco en toda Latinoamérica. En Perú surgieron movimientos indigenistas y ecologistas portando esos mismos principios. Las luchas agrarias tuvieron prominencia y papel protagónico hasta finales del siglo pasado. (Véase Guillermo Palacios, La recepción de la Revolución Mexicana en América del Sur). En Cuba, por ejemplo, la revolución que lideró Fidel Castro, con fuerte tufo marxista, tenía un considerable caudal de justicia agraria y de repulsa hacia los grandes intereses. Igual que en Puerto Rico, se planteó la no tenencia de la tierra sobre los 500 acres.

Sin embargo, la mayor sorpresa que me encontré sucedió apenas unas semanas. El sindicalista mexicano, Librado Rivera acuñó en la década del veinte el eslogan de Pan, Tierra y Libertad. (Véase Librado Rivera, ¡Viva Tierra y Libertad!). El también anarquista lo adopta casi dos décadas antes que Luis Muñoz Marín, donde el emblema del Partido Popular sería un jíbaro con una pava como sombrero y el lema que todos conocemos. Hay estudios que tratan el anarquismo en Puerto Rico, pero centrados mayormente en las primeras décadas del siglo XX.

Independiente del respaldo que el Partido Comunista de Puerto Rico le dio al Partido Popular en las elecciones de 1940, lo evidente es que los principios filosóficos de la revolución mexicana, su fuerte contenido proletario, tuvieron algún eco en Puerto Rico. Eso nos lo puede explicar la insignia del partido de Muñoz y, por qué no, toda la legislación proletaria aprobada durante el cuatrienio de 1940-44, la mayor en la historia.

Como plantea Steven Bender en, Tierra y Libertad: Land, Liberty, and Housing, sus principios pueden llevarse a las actuales circunstancias. En los Estados Unidos, de los que formamos parte, hay movimientos agrícolas, de trabajadores con baja remuneración y estudiantes latinos que no pueden adquirir vivienda, seguridad médica o pagar sus estudios por falta de recursos. La atención de estas necesidades y la superación del individuo e independencia de ellas es, como decía Luis Muñoz Marín, otra de las muchas maneras de adquirir libertad.

Estos principios no han caducado. Se han actualizado. Lo que sugiere Mariano Azuela en Los de Abajo sigue vivo un siglo después. Mientras haya pobreza, como la hay en Puerto Rico, habrá familias padeciendo injusticias sociales. La marcada indigencia y desigualdad social que vemos a diario siempre lesionará nuestra fibra moral y nuestra esperanza. 

Mario Ramos, Historiador