manifestación 1 mayo bandera Puerto Rico

Hace unos días, el mundo se maravillaba por la hazaña lograda por Tiger Woods en el torneo The Masters en Augusta, Georgia (para los que hayan estado viviendo en el planeta Júpiter durante los pasados veinte años, estoy hablando del deporte del golf). Desde finales de la década de los 90 y principios del nuevo siglo, Woods fue el atleta más destacado, sobresaliente y admirado en todo el planeta. Sus logros como golfista desafiaban la lógica y sobrepasaban cualquier expectativa que pudiera tenerse sobre él. Sin embargo, atravesó por un periodo de crisis y conflictos personales que le afectaron de tal manera, que provocaron un descenso vertiginoso en la calidad de su juego. Su famoso “swing” se había ido y era incapaz, no solo de ganar un torneo, sino en ocasiones de tan siquiera cualificar para la final de alguno de ellos. Parecía el final de Tiger Woods. Los críticos y comentaristas así lo concluyeron y, muchos de ellos, aparecieron públicamente en noticieros, programas de análisis deportivo y en las redes sociales, invitándolo a que se retirara con dignidad del deporte que tanto amó. Empero, Woods no se intimidó ni se dejó influenciar por la opinión de tales “sabiondos”. No solo eso, sino que el pasado 14 de abril conquistó el Masters alzándose con su victoria número quince (15) en un torneo mayor en el mundo del golf y su primero en once años. Usted pensará, ¿y qué tiene eso que ver con Puerto Rico? Pues para mí, mucho.

Cuando comencé con mi cruzada de vengovirao hace ya casi cinco años, lo que me motivó a comenzarla fue la mentalidad negativa y derrotista que (todavía) arropa a Puerto Rico y que nos manda el mensaje de que esto no va a cambiar, de que nunca vamos a mejorar y de que nos vamos a fastidiar. Curiosamente, eso era exactamente lo que le decían los sabiondos a Tiger Woods. No obstante, yo estoy convencido de que Puerto Rico, al igual que Woods, tiene la capacidad para echar hacia adelante. Lo que ocurre es que nos hemos creído ese mensaje pesimista. El negativismo a calado tanto en nuestras cabezas, que estamos convencidos de que no es posible lograr un mejor Puerto Rico y que la Isla “se va a hundir”. ¡Esa mentalidad es, precisamente, la que continúo tratando de combatir!

Muchas personas me han dicho, como a Tiger Woods: “Quítate”; “olvídate de eso que esto no hay quien lo cambie”; “no sé cómo puedes ser tan optimista”; “eres un soñador”. A esos les digo que no; no voy a descansar en mi empeño por poner mi granito de arena para mejorar esta Isla y, sobre todo, cambiar esas mentalidades derrotistas. Claro que paso por momentos de frustración cuando veo alguna de las cosas que ocurren y cómo permitimos que, debajo de nuestras narices, coexistan con nosotros personas inescrupulosas, corruptas y llenas de maldad, que operan solamente para beneficio propio. ¡Claro que me frustro! ¡Me frustro y me en…&@*fogono! No obstante, cada día más me doy cuenta de que son muchas más las personas que están trabajando para mejorar el País; cada día más me doy cuenta de que ese trabajo está ahí, subyacente, sin que nos enteremos porque la prensa no lo cubre con la frecuencia y la intensidad que debería. No nos damos cuenta de que eso existe, porque estamos más pendientes a la última canción de “trap” o a las nalgas de la modelo de moda. Sin embargo, las buenas obras, las buenas iniciativas, la gente que está metiendo mano para superarse de verdad (no de la boca pa’ fuera) y los que luchan para echar hacia adelante la Isla, están ahí; ocurre todos los días, pero no es noticia.

Por eso es que yo sigo virao. El País necesita de todos. Es cuestión de enrollarnos las mangas, tener disciplina y cada cual hacer un poco. No necesitamos héroes ni heroínas. Solo hace falta que cada cual haga algo. Así, como Tiger Woods, volveremos al tope.

Yo vengovirao y te invito a que tú también lo hagas.

Te invito a que visites mi página Yldefonso López para que tú también “vengas virao”.