Trump

El presidente saliente Donald Trump a su llegada a una protesta de seguidores en Washington. >Jacquelyn Martin/AP

Luego del asalto al Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero, ha surgido un clima de indignación por la mayoría de la población estadounidense y el mundo en general. Muchos de los que perpetuaron, promovieron e impulsaron las peores conductas del presidente Donald Trump renunciaron y se desasociaron de este. Twitter, Facebook, Reddit y otras redes sociales optaron por suspenderle las cuentas de manera permanente.

El anuncio, aunque un poco sorprendente —Twitter ha sido una herramienta potente para el presidente desde antes de su victoria en 2016— fue percibido de manera positiva. Representaba una medida apropiada, luego de la activa incitación a la violencia perpetrada por el presidente saliente. Sin embargo, luego de las suspensiones, las recurrentes turbas que quedan del trumpismo han tratado de girar la discusión acerca de las acciones y repercusiones de los fanáticos de Trump a la “persecución” de conservadores por parte de los grandes medios de la industria tecnológica.

“Estamos viviendo en el 1984 de Orwell. La libertad de expresión ya no existe en América”, indicó Donald Trump Jr. por medio de Twitter al anunciarse las suspensiones. Varios conservadores anunciaron su traslado hacia la red social Parler. Esta red social fue fundada por tres prominentes donantes conservadores, entre ellos el fundador de la controvertible compañía que tuvo gran influencia en las elecciones presidenciales de 2016, Cambridge Analytica. Parler ha sido un refugio para personajes de la derecha estadounidense, entre ellos comentaristas de Fox News, miembros del grupo ultraderecha Proud Boys, hasta promotores de teorías de conspiración como Q’Anon.

De repente, espacios de “libre expresión” y la tiranía de los grandes medios de Silicon Valley inundan la retórica de aquellos que alaban y apoyan a Trump. “Luego irán por ustedes”, gritan muchos conservadores que no tuvieron problemas con la incitación al caos por parte del presidente saliente.

Hay que enfatizar en lo cínico que ha sido esta nueva contraofensiva. A los trumpistas no les importa la libre expresión; estos la utilizan como una defensa ante cualquier crítica legítima hacia su movimiento y su figura principal. Mucho menos les importa la supuesta tiranía de las grandes compañías del sector tecnológico. Ellos son los primeros en promover y apoyar a un sector privado sin la interferencia del gobierno. En el caso de Twitter, Trump tuvo que aceptar los términos y condiciones de la compañía que —de romper con los acuerdos aceptados— puede suspender su cuenta de manera temporal o permanente.

Sí, como muchos han indicado, las grandes compañías como Facebook, Google y Amazon han amasado un poder inmenso en los últimos años. Incluso, cualquier persona argumentaría que debemos comenzar un debate acerca de los límites que deben tener estos titanes tecnológicos en torno a la privacidad, las amenazas al libre discurso, entre otros temas. Sin embargo, no se debe perder de vista que estas no son las intenciones de Donald Trump y sus seguidores.

Esta pantalla de humo de la “censura” y “persecución” de conservadores es la salida de escape y el intento de exculpación de sus acciones. Tratan de desviar la atención de las personas, para que olviden que Trump, sus fieles e incluso numerosos miembros del gobierno fueron parte de un acontecimiento criminal, que buscaba intervenir y amedrentar el proceso democrático de la nación.

Dicha desviación podría catalogarse en estos instantes como obsoleta. Aunque los gritos de “censura” continúan en el bando de Trump, los gigantes de Google, Amazon y Apple removieron de sus tiendas de aplicaciones a Parler, dándole un golpe fulminante a los intentos de esbozar teorías conspirativas del presidente saliente.

“Puedes llevarte a Parler. Pero eso no va a quitar la creencia en decenas de millones de personas de que las elecciones fueron robadas”, indicó la profesora de la Universidad de Syracuse, Whitney Philips. Sin embargo, uno podría argumentar que, al menos, es un paso legítimo para detener la amenaza que ha presentado la figura de Trump y sus seguidores.