FEMA

El huracán María cambió para siempre el rumbo hacia donde nos dirigimos como pueblo. El apagón que sufrimos como una de las peores secuelas de ese evento, presenta una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente: la oportunidad de la transformación.

Demasiadas veces hemos vivido el ciclo de daño y reconstrucción luego de un desastre, obligándonos a comenzar desde cero. Es el momento para que Puerto Rico, con la asistencia de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) y otras agencias federales, rompa con este círculo vicioso. Una transformación histórica en la red eléctrica del País es necesaria para lograr ese cambio que produzca un sistema de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica a la altura del siglo 21.

En septiembre pasado, FEMA asignó sobre $9,500 millones a la Autoridad de Energía Eléctrica para proyectos de reconstrucción y mejoras a la red eléctrica dirigidos a un sistema mucho más resiliente, equitativo. Junto al apoyo técnico que ofrecen las agencias federales, Puerto Rico puede sentar las bases para el desarrollo de un futuro energético de clase mundial. Reconstruir la infraestructura de servicios críticos no es suficiente, hay que equipar a la Isla con los recursos que redunden en una mayor confianza en la resistencia del sistema a sufrir fallos catastróficos a consecuencia de algún desastre.

Hay que crear un modelo sustentable, que minimice las interrupciones en el servicio eléctrico y sus efectos sobre la disponibilidad de servicios médicos, cadena de alimentos, transportación y actividades indispensables para la continuidad de operaciones ininterrumpidas del gobierno, la empresa privada y la vida cotidiana. Hoy, Puerto Rico tiene las herramientas y los recursos necesarios para ser un ejemplo de la resiliencia en el Caribe.

A través del proceso de evaluación y planificación, antes y después de un desastre, los participantes en la recuperación pueden identificar oportunidades para las actividades de mitigación de daños y riesgos a mediano y largo plazo. No debemos ignorar las lecciones aprendidas luego de María. El intercambio de ideas entre las agencias de gobierno, los municipios, la empresa privada, las entidades sin fines de lucro y las comunidades, es indispensable para una recuperación exitosa. Con el respaldo de FEMA y otras agencias federales, hoy es más viable que nunca poder transformar, modernizar y fortalecer la red eléctrica, para que no se repita la extensa interrupción del servicio de energía eléctrica vivida.

Puerto Rico tiene la encomienda de atender su recuperación con mirada fija en el futuro. Es meritorio identificar soluciones viables, resilientes, sostenibles y equitativas que se implementen en todos los proyectos de infraestructura pública que así lo permitan.

Jamás olvidaremos esos meses sin luz. Hoy contamos con los mecanismos para minimizar esos desafíos en beneficio de generaciones venideras. Aquellos días dieron como resultado la mayor asignación de fondos en la historia de FEMA. La recuperación de este desastre es como ninguna otra, y confío en que juntos continuaremos trazando un camino de vanguardia.