Elecciones

Las elecciones generales son el 3 de noviembre. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

Cuando resta solo un mes para el llamado evento cumbre de renovación de la democracia el próximo 3 de noviembre, el País necesita del liderato político un inédito acto de sinceridad, desprendimiento y comprobable honestidad.

A los candidatos a la gobernación y otros cargos electivos, así como a los partidos y movimientos que los sostienen, el emplazamiento es a que expliquen en este momento —sin rodeos ni subterfugios— si su meta es puramente ganar el poder para abonar a la crisis de las instituciones, o si lo que les mueve es la voluntad de emprender una revolución de la decencia como forma de devolverle la integridad y la efectividad al servicio público.

Esta meta transformadora tiene que ser la que motiva sus campañas y sus esfuerzos por alcanzar, mediante el voto, los más altos puestos del gobierno, porque en caso contrario el sufragio universal será aquí otro ejercicio en futilidad y otra costosa traición a la aspiración de los ciudadanos, quienes van siempre a las urnas en búsqueda de un Puerto Rico mejor.

Esos cambios profundos tienen darse a corto, mediano y largo plazo en todos los ámbitos del aparato gubernamental, que no solo incluye al gobierno central, sino a las corporaciones públicas, la Legislatura y los gobiernos municipales.

La eficiencia operacional, la sana administración en el manejo del dinero público, el principio de méritos en el nombramiento y promoción de funcionarios y empleados, así como la transparencia y la fiscalización efectiva, entre otros, son valores que tienen que ser reinsertados como ADN y como normas del diario vivir en las agencias gubernamentales.

Y esto es urgente.

Porque lo que ha llevado a Puerto Rico a la catastrófica crisis fiscal y a la debacle en las estructuras de servicios no ha sido una recesión mundial u otro factor económico externo, sino el partidismo rampante activado hasta para “cuadrar” artificialmente presupuestos. Causante clave de esas crisis lo es, de igual forma, la corrupción institucionalizada.

Desterrar estos males de la administración pública requiere de los gobernantes nutrirse de los estudios y aportaciones de la academia y grupos multisectoriales, que trabajan con seriedad en la búsqueda de soluciones.

En nuestra edición de ayer de EL VOCERO, se reseñan las aportaciones de la iniciativa Talento Pro o Guía de Criterios para un Buen Administrador Público, en la que trabajaron el profesor de la Universidad de Puerto Rico, Mario Negrón Portillo, el exsecretario de Educación, César Rey y la doctora Yolanda Cordero.

Proponen en este trabajo que al reclutar personal de cualquier nivel en el gobierno, se priorice en el rescate de lo público; en la ética, los valores y la integridad; respeto, sensibilidad y diversidad; capacidad de mediación y comunicación; talento y mérito; vocación de resultados y rendición de cuentas; capacitación, aprendizaje y conocimiento; independencia de criterio y sin sujeción partidista ni conflicto de intereses; liderazgo transformador, entre otros.

De acogerse este conjunto de criterios, sin duda, se convertiría en una de las herramientas clave que se requieren para el saneamiento gubernamental.

Todo esto debe llegar también a los gobiernos municipales, que son la primera línea de defensa con que cuentan los ciudadanos necesitados de servicios y que, por tanto, son merecedores de saber cómo se utilizan los recursos fiscales de sus respectivos pueblos.

El pasado lunes, este diario reveló un estudio del Centro de Gobernanza Pública y Corporativa según el cual el acceso a la información pública es cero en casi el 100 por ciento de los municipios.

La directora del Centro, Eneida Torres, y los coautores del estudio Rafael Durand y Saúl Prats, coinciden en que lo único que esa falta de transparencia hace “es crear espacios opacos en la organización municipal y permite que en esos espacios se haga y genere corrupción”.

¿El liderato político entiende la magnitud del problema que él mismo ha creado tras décadas de ejercicio adulterado del poder?

Quien sea que resulte electo tiene que saber que el País no resiste un nuevo cuatrienio de privilegios, de negación de servicios, de desgobierno ni de burla.