Policía

Cuartel General de la Policía en Hato Rey. >Brandon Cruz González/EL VOCERO

El vil asesinato este lunes de tres agentes del orden público, no solo enlutece a igual número de familias puertorriqueñas. Nos estremece a todos en la misma dimensión.

Porque un acontecimiento como este, en el que la delincuencia segó de vida del agente estatal Luis Marrero Díaz y de los policías municipales de Carolina, Eliezer Hernández Cartagena y Luis Salamán Conde, también retrata la profundidad de la herida que la criminalidad – como hija directa del deterioro social y del abandono gubernamental – le inflige con toda crudeza al País.

Por eso hay que reconocer que la crisis de seguridad que por mucho tiempo nos azota es el efecto de profundos problemas sociales y de política pública.

Se hace imperativo, en consecuencia, que nos lancemos a la ejecución de un abarcador plan anticrimen, en el que haya un fino balance entre el enfoque socioeconómico y salubrista; y las acciones prácticas que refuercen los programas de educación, protección y capacidad de respuesta de los hombres y mujeres que cada día están en la primera línea del deber como celosos guardianes de la seguridad ciudadana.

Como parte de este plan, tiene que hacérsele honor a este personal crítico del servicio público, con el mejoramiento sustancial de sus condiciones laborales, incluidas las salariales y beneficios marginales.

La estrategia de seguridad que requiere Puerto Rico debe concebirse con aportación multiagencial, de la academia y multisectorial; y con la participación prominente de las comunidades organizadas, que son las que – por vivencia propia – mejor pueden testimoniar, con datos concretos, lo que es sufrir la marginalidad extrema de la que se alimenta la criminalidad.

Ese necesario golpe de timón en la seguridad pública, debe por tanto llevar a un tratamiento holístico del problema.

Ello implica una convocatoria o movilización de país en la que todos los sectores, por igual, estén comprometidos y en el que, a nivel de gobierno, deben jugar un papel fundamental los departamentos de Salud, Seguridad Pública, Negociado de la Policía, Familia, Desarrollo Económico, Trabajo, Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca) y otras agencias e instrumentalidades clave en la articulación de un verdadero proyecto de transformación social.

Esto hay que atenderlo con urgencia y seriedad.

El País no puede seguir expuesto a planes anticrimen que no pasan de ser manojos de panfletos y consignas maniqueas, que no corrigen nada y que solo sirven de cortina a la estela de muertes de cada año, al desamparo de la ciudadanía frente a la delincuencia y al crecimiento exponencial de la impunidad. Una impunidad que queda expuesta en una tasa de esclarecimiento de los crímenes que no llega al 25 por ciento, de los cuales una ínfima cantidad termina en convicciones.

Expertos en el tema han expresado a EL VOCERO la necesidad de que la estrategia anticrimen sea una que vaya a lo profundo; que enfoque en la lucha contra la pobreza; que saque a nuestra gente del estado de sobrevivencia en que transcurren sus días; que reivindique el derecho de nuestros ciudadanos a gozar de un clima que les garantice empleos de calidad, salud sin injusto racionamiento, educación de altura y puertas de equidad por donde puedan nuestros jóvenes entrar sin obstáculos – y por derecho – a un mundo de oportunidades.

Y, sí, planteamos nosotros que ese plan socioeconómico, preventivo y salubrista para atender y rescatar – como víctimas que son – a los adictos, debe profesionalizar a su vez la lucha firme contra el narcotráfico y el crimen organizado en general, responsables de la principal ofensiva de violencia contra el pueblo de Puerto Rico.

Acabemos con este trágico círculo vicioso de inseguridad, atacando las causas sociales que sirven de caldo de cultivo de este crimen rampante y de tanta impunidad.

Honor, alabanza, para los caídos, para el agente herido Ángel Luis Colón y para todos los hombres y mujeres que se entregan en cuerpo y alma a la misión de procurar nuestra seguridad.