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La inmensa mayoría de los puertorriqueños que viven en la Isla y en la diáspora ya no se identifican con ninguno de los tres partidos tradicionales. Dos se han turnado en el poder, representándose como defensores de fórmulas coloniales de estatus, pero no han logrado unirnos como pueblo, que es nuestra mayor debilidad para enfrentar la perenne crisis del País.

Esta partidocracia ya no es apoyada mayoritariamente, pero se aferra a seguir dividiéndonos en tribus, porque no quiere perder sus privilegios económicos obtenidos a través de una cultura de corrupción. Ese es el caso del PNP y el PPD, colectividades que se han convertido en negocios, pues se han lucrado de los fondos públicos para llenar sus bolsillos. Vienen a servirse y no a servirle al pueblo que, por décadas, confió en ellos.

Pero ya el pueblo despertó, luego de décadas de pésimo manejo de las gestiones fiscales, ausencia de compromiso social y evidente deterioro moral de sus gobernantes criollos. El binomio de sanguijuelas PNP-PPD está desesperado pues sabe que pronto se acabará el banquete total. Así se comprueba en sus propias encuestas, en la pobre asistencia a sus actividades partidistas y en las elecciones del 2016, cuando casi 20% fueron votos independientes, que rompieron con la tradición nefasta de una sola cruz.

Por eso ya han comenzado los cambios cosméticos en sus discursos trillados y hasta en su actitud “menos” arrogante. El primer objetivo de relaciones públicas es proyectar honestidad y transparencia, pero nadie les cree. Poner la cara de bobo o de pendenciero bien administrada y la sonrisita del “yo no fui” es ahora la norma. El PNP-PPD sueña con el borrón y cuenta nueva. El PIP aspira por quinta vez consecutiva a quedar inscrito y a sus dos legisladores que han fiscalizado eficientemente. El PNP-PPD intenta por lo bajo obstaculizar la inscripción sobre todo de la juventud que se tiró a la calle este verano y expulsó a Rosselló II de La Fortaleza. El PNP apuesta a la manipulación de un nuevo código electoral para robarse las elecciones y el PPD aspiraba a ser la única opción contra el bandidaje extremo del actual des-gobierno. Ambos están ahora muy preocupados por la inscripción oficial del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC).

Por eso harán todo lo posible por maquillarse bien y apartarse de su imagen oportunista y politiquera, como si solo se tratara de implementar un mágico plan de relaciones públicas, similar al de la gobernadora no elegida. Esa funcionaria de trayectoria ambivalente nombrada por Rosselló II, que se reúne y escucha, pero solo sigue órdenes estrictas de la Junta Dictatorial impuesta por Obama y ratificada por Trump. Más de lo mismo pero con mejor asesoramiento en crear apariencias y ocultar su verdadero carácter conservador y elitista. El mayor reto de Victoria Ciudadana no es derrotar las viejas maquinarias ya gastadas del PNP-PPD. Primero se trata de lograr que la inscripción se convierta en un histórico acto de rebeldía, verdaderamente masivo, que conmueva al País. El objetivo es enfrentar la apatía y desconfianza del pueblo en los políticos de oficio, para que entienda que podemos castigarlos y sacarlos del gobierno con su voto en 2020. Victoria Ciudadana estará en la calle para convencerlos que solo inscribiéndose y votándole en contra a la partidocracia corrupta empezamos a encaminarnos en una ruta positiva.

Para lograr que la mayoría del pueblo ejerza su derecho al voto este próximo año, hay que contar con el apoyo de los artistas que convocaron la Insurrección Ciudadana de Ricky Renuncia II, pero no basta con su llamado. También es igualmente importante unir a los lideres de los movimientos sociales como el Rey Charlie, la Colectiva Feminista, los grupos en defensa de los derechos humanos, los ambientalistas, los sindicatos, las asociaciones profesionales, los deportistas, los religiosos y todas las fuerzas de la sociedad civil, más allá de preferencias de estatus. Este verano aprendimos que la clave para cambiar de rumbo es unirnos como pueblo, no dividirnos más en las mismas tribus partidistas de siempre.

Si cumplimos ese primer objetivo que es la inscripción masiva del pueblo y luego se impulsa una campaña creativa e impactante del voto castigo y de la esperanza, habrá tres fuerzas políticas en contienda: el PNP, el PPD y Victoria Ciudadana. Tengo la convicción de que se le demostrará al País que puede confiar en ese nuevo movimiento de unidad puertorriqueña, encabezado por jóvenes como Alexandra Lúgaro, Manuel Natal, Néstor Duprey, Mariana Nogales y Rosa Seguí, así como luchadores sociales como Ana Irma Rivera Lassén, Rafael Bernabe y María de Lourdes Guzmán, entre muchos otros. Esa combinación de juventud y experiencia es esencial.

El próximo año tendremos la oportunidad de derrotar la vieja política, la corrupción y la maldad, abrazando la solidaridad como bandera de lucha para la refundación de un Puerto Rico prospero y sostenible. Vayamos más allá de las gríngolas partidistas tradicionales que nos han mantenido divididos por décadas. Victoria Ciudadana nace para unir, no para dividir. Inscríbete y únete a la ruta de la Victoria.