Fortaleza

Desde la izquierda, la secretaria de la Gobernación, Zoé Laboy la gobernadora Wanda Vázquez, la procuradora de las Mujeres, Lersy Boria y la asesora de la gobernadora en Calidad de Vida, Johanne Vélez.

La violencia de género contra las mujeres o violencia machista se da entre personas que son o fueron pareja dentro de una relación en la que existió una relación consensual. No es necesario que hayan tenido hijos o vivan juntos. Este delito puede incluir violencia física o psicológica, intimidación o amenazas, agresión sexual, privación de la libertad, daño de la propiedad de la persona agredida y alienación. La agresión no tiene que ser repetida. Un solo golpe o empujón es suficiente para que se configure el delito. Ninguna mujer tiene que soportar la agresión por parte de su pareja.

La violencia machista se ha convertido en un problema serio en nuestra isla, que ha escalado hasta causar la muerte a mujeres y sus hijos por parte de sus parejas. De acuerdo con la Policía, a julio de este año se reportaron 3,880 casos de violencia de género. Para 2018 fueron reportados 6,905, lo que apunta a que en 2019 podríamos sobrepasar los 8,000 incidentes, la mayoría de ellos contra las mujeres. Solo en 2018 murieron 23 mujeres a manos de sus parejas, y a mitad de este año el número oficial reportado por el gobierno asciende a nueve, lo que podría llevarnos, nuevamente, a otra veintena de mujeres muertas en un año.

Este problema se ha convertido en un asunto que amerita acción inmediata, sensible y articulada. No bastan las consignas, los clichés o eufemismos para atenderlo, y mucho menos las promesas vacías de la clase política. El respeto a las mujeres tiene que demostrarse tanto desde las estructuras responsables del gobierno -desde los líderes en La Fortaleza, la Asamblea Legislativa, la Policía y el Departamento de Educación-, como por parte de los dirigentes religiosos, los colegios y universidades, y hasta en el vocabulario utilizado por los comunicadores y las agencias publicitarias.

Todavía tenemos frescos en la memoria los comentarios misóginos promovidos por el exgobernador y sus más cercanos ayudantes y asesores en el chat que causó el repudio de todo el País y la eventual salida de estos. Este grupo incluía los asesores principales en comunicaciones, publicidad y relaciones públicas de este gobierno, lo que refleja la manera en que la misoginia, por lo tanto, la institucionalización de la violencia contra las mujeres, se encuentra enraizada en los niveles más altos del sistema.

Diversos sectores vienen reclamando que se instaure política pública que atienda con responsabilidad esta crisis de seguridad que afecta a las mujeres del País y a sus familias. Se ha hecho un llamado a la hoy gobernadora, Wanda Vázquez Garced, quien fuera secretaria de Justicia y procuradora de las Mujeres, para que estos planes trasciendan la retórica de campañas publicitarias sin sustancia y la ausencia de protocolos de prevención y protección proactivos a favor de las mujeres y sus hijos víctimas de este tipo de agresión. No es suficiente firmar leyes si no existe una estrategia integrada.

Es imperativo atender esta crisis desde distintos ángulos, incluyendo educación inclusiva y respetuosa a la diversidad desde nuestras escuelas; la reeducación de los miembros de la Policía, profesionalizándolos en el manejo de este tipo de incidentes para que los atiendan como parte de sus responsabilidades como un delito, más allá que un incidente entre parejas; establecer alianzas con los cuerpos de policías municipales, como han hecho ciudades como Carolina y Caguas, implantando protocolos interdepartamentales de protección a las víctimas de violencia doméstica, e impulsar campañas publicitarias educativas diseñadas en conjunto con especialistas en el manejo de este problema social.

Puerto Rico tiene uno de los porcientos más altos de violencia machista del mundo desarrollado. Más allá de mirar el problema, leer las estadísticas y vender buenas intenciones, es hora de que el gobierno actúe y trabaje multidisciplinariamente para acabar con esta lacra social.