puerta de tierra

Foto aérea de la Isleta de San Juan, Oct. 2010. NPS.

Puerta de Tierra se convirtió en un punto vulnerable en las defensas de la ciudad de San Juan desde el siglo XVII.

La Oficina Estatal de Conservación Histórica de Puerto Rico (OECH) acaba de publicar el libro del Dr. José Marull del Río, titulado La Capital: desarrollo histórico de las obras defensivas en Puerta de Tierra.

Puerta de tierra

Sr. José E. Marull del Río, autor de Protegiendo La Capital: Desarrollo histórico de las obras defensivas en Puerta de Tierra.

El historiador presenta el desarrollo de la capacidad defensiva de la antesala geográfica a la isleta de San Juan —Puerta de Tierra— en el transcurso de cuatro siglos de ofensiva extranjera. Y redescubre en esta obra, los remanentes de aquellas fortificaciones españolas abaluartadas, hasta que antes de la invasión de Estados Unidos se consideraran anacrónicas.

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Batería de la Segunda Línea.

“Desde que comencé a realizar este proyecto en 1991, quería encontrar la historia del desarrollo de las fortificaciones españolas en Puerta de Tierra. En ese momento se conocían fragmentos de la historia, pero faltaban piezas para entender su importancia y su posterior deterioro”, expresó el historiador.

Rebuscar en los fragmentos de la historia fue para Marull, similar a desarrollar una novela detectivesca, porque debió recoger pistas que estaban dispersas en libros, planos, fotografías originales, y todo tipo de documentos para hilvanar la historia. “No tenían el esplendor de las fortificaciones de la ciudad de San Juan, pero encontré materiales gráficos de planos y mapas de un Puerta de Tierra muy tardíos”, aseguró.

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Batería del Escambrón.

El libro consta de cuatro capítulos: Puente de Agua y Canal San Antonio; Los ingenieros militares miran a la campiña; Líneas avanzadas de Puerta de Tierra; y Ensanche de la ciudad de San Juan y la pérdida de las obras defensivas españolas en Puerta de Tierra. Estas versan sobre los remanentes del Fuerte de San Antonio —al frente del Club Náutico—; Fuerte de San Gerónimo —en los terrenos del estacionamiento del Caribe Hilton—; Batería El Escambrón —‘in situ’ restaurada en su totalidad—; Ruinas de muro de la Batería de San Ramón —donde está el Caribe Hilton—; Polvorín de San Gerónimo —en el parque Luis Muñoz Rivera—; Ruinas de batería de la segunda línea —visibles desde el principio de la calle San Agustín—; Ruinas de baterías costeras de la segunda línea —antes junto a la cancha de tenis en El Escambrón—; extremo norte del Trincherón —desaparecido—; y Bajamar, donde existe en ruinas frente al Capitolio un centro de observación.

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Detalle del interior del San Gerónimo.

Desde el primer capítulo, el autor trata de explicar la realidad importante de la topografía de Puerta de Tierra, cuando desde la fundación de San Juan en el siglo XVI ocupaba una extensión amplia de manglares desde el área de la Marina hasta la costa este. Esta extensión no se empieza a rellenar sino hasta la segunda mitad del siglo XIX hasta el XX. “Para mejor entender se puede decir que todo el terreno existente desde la Calle del Tren hacia la bahía de San Juan eran mangles. El área de Puerta de Tierra sirvió de expansión y antesala de la ciudad, pero se convirtió en un punto vulnerable en las extensas defensas circundando la ciudad capitalina desde el siglo XVII”, reveló el historiador.

Para este estudio se utilizaron, entre otros, varios proyectos, informes, planos, mapas y fotos de varios archivos locales como el Archivo General de Puerto Rico, el Archivo de la Fundación Luis Muñoz Marín, el Archivo de la División de Recursos Culturales del San Juan National Historic Site, el Historic American Building Survey, el Archivo General Militar de Madrid, y el Archivo de las Indias en Sevilla.

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Fachada este Polvorín de San Gerónimo.

“La más grande batalla desplegada por España, los puertorriqueños y voluntarios extranjeros, fue la expedición inglesa del Sir Ralph Abercromby que estuvo en Puerto Rico desde el 17 de abril hasta el 1 de mayo de 1797. Este asedio —que empieza con desembarcos en Santurce y luego se dio combate en el Condado, Miramar y las posiciones españolas en la costa este de la Isleta— se dio entre un contingente de 3,910 efectivos de la expedición inglesa, 4,029 efectivos de la fuerza defensora, 200 a 300 marineros de corsarios franceses y puertorriqueños de las milicias urbanas de los pueblos de la Isla”, detalla Marull en su absorbente narración.

En dicho combate, los españoles se enfrentaron con 300 mercenarios, 200 veteranos, 2 mil reclutas del interior, 4 mil milicianos de la ciudad, 376 cañones, tres pedreros, cuatro obuses, 35 morteros, 12 lanchas cañoneras, piraguas, caballos de Frisia, el Trincherón, y puestos de vigilancia; frente a una escuadra inglesa de 60 buques de guerra. Estos involucraban cinco navíos de línea, dos fragatas, dos bergantines, cuatro corbetas, ocho goletas corsarias, una urca, transportes y 600 cañones.

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Fuerte de San Antonio antes de su demolición en 1894.

Abercromby, en el relato de su expedición que recoge Marull del Gentlemen’s Magazine and Historical Chronicle de 1797, explicó al levantar el sitio sobre San Juan que “es preciso hacer presente aquí, que como el Castillo del Morro domina completamente la entrada a la bahía, el enemigo tiene abierta su comunicación con las partes sur y oeste de la Isla; y aún así molestaban y acosaban nuestro lado izquierdo con sus cañoneras… De manera que el solo punto desde el cual nosotros podíamos atacar al pueblo, era el lado este, donde está defendido por el castillo y líneas de San Cristóbal. Y para acercarnos a él fue necesario forzar nuestro camino sobre la laguna, que forma este lado de la isla. El paso estaba fuertemente defendido por dos reductos y cañoneras, y el enemigo había destruido el puente que conecta en el trozo de mar estrecho la isleta con la isla principal”.

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Puesto de observación Bajamar.

El relato de Abercromby sigue explicando que: “Después de todo esfuerzo de nuestra parte no pudimos imponer suficiente silencio sobre el fuego del enemigo, que habían atrincherado en la última línea de los reductos, para aventurarnos a forzar el paso en la isla con una fuerza tan pequeña, y esto, no obstante, hubiera sido en vano, pues el enemigo podía soportar un fuego 10 veces mayor que el que nosotros podíamos llevar en su contra… El 30 de abril con el mayor orden y regularidad toda nuestra artillería y provisiones fueron recogidas, excepto siete cañones de hierro, cuatro morteros de hierro y dos obuses de bronce que se habían puesto inservibles, siendo imposible removerlos”.

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Vista del Fuerte de San Gerónimo y detalle interior.

Todos estos baluartes militares finiquitan a partir de las últimas décadas del siglo XIX; cuando se suscitan cambios tecnológicos en Estados Unidos y en Europa, que hacen obsoletas las fortificaciones abaluartadas y requieren la construcción de fortificaciones modernas en concreto armado que no sean visibles desde el mar, y que puedan resistir el embate de la artillería moderna.

“Es mi esperanza que esta publicación levante el interés de los residentes de Puerta de Tierra y del público en general para promover la conservación de los remanentes de estas antiguas fortificaciones. Es chocante entender que de un sistema tan amplio e importante, solo nos quedan ocho remanentes dispersos por Puerta de Tierra”, concluyó el escritor.