Acevedo Vilá

El exgobernador Aníbal Acevedo Vilá, actual candidato a comisionado residente por el Partido Popular Democrático (PPD). >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

El pasado 19 de octubre, escribí desde este mismo foro, una columna titulada: Aníbal, ¿dará la sorpresa? En la misma, analizaba las fortalezas y debilidades de los principales candidatos a comisionado residente —Jenniffer González y Aníbal Acevedo Vilá— y explicaba cómo, con el pasar del tiempo, esa carrera se estaba cerrando a pasos agigantados cuando todo el mundo la daba por concluida.

Fui el único que lo dije y nadie me lo creía. Hoy, parece ser el consenso.

Decía entonces, que el historial y la experiencia de Aníbal no se podían subestimar porque fue él quien derrotó a Carlos Romero Barceló y a Pedro Rosselló cuando ambos estaban en sus mejores momentos de sus respectivas carreras políticas y con gran fortaleza dentro del PNP. A ambos, el alacrán los envió al retiro.

Advertí en esa columna, además, que esta contienda sería dura hasta el final. Y así ha sido.

Por eso anoche, al concluir el debate de EL VOCERO, Wapa TV y Notiuno entre los candidatos a la comisaría residente, fue más que evidente que Aníbal Acevedo Vilá ha tomado el momentum de esta campaña, ha logrado desarticular a la comisionada residente y ha encendido de nuevo las huestes del Partido Popular.

Pero y ¿cómo fue que ocurrió todo esto?

Puede haber varios factores. Para empezar —a mi juicio— Jenniffer ha estado corriendo esta última etapa de su campaña con un nivel de sobre confianza, muy peligroso para un evento electoral de esta magnitud y con un contrincante que no descansa hasta que no se cierra el último colegio de votación.

Esa realidad se agrava, además, ante el hecho de que —contrario a la papeleta de los candidatos a la gobernación— en la papeleta de los candidatos a comisionado residente, no existen figuras de peso como Juan Dalmau o Alexandra Lúgaro que pueden aumentar las posibilidades del voto mixto.

Para la gente, en la papeleta de comisionado residente —con todo respeto— corren Jenniffer, Aníbal, el médico que siempre corre y dos desconocidas. Por eso, las posibilidades de obtener votos mixtos son más altas para Aníbal que para Jenniffer.

Pero hay otro problema de estrategia que quedó más patente aún en el debate; y es la forma desarticulada en que Jenniffer construyó sus turnos. Esa realidad me da a entender que Jenniffer no se preparó adecuadamente ni tuvo una hoja de ruta bien pensada, sobre lo que ella pretendía sacar de ese foro. 

Examinemos el debate. 

El primer error de Jenniffer fue su turno inicial. La referencia a Héctor Ferrer y el ataque personalista (al llamar deshonesto a AAV por inferencia) lejos de herir al exgobernador, lo que provocó fue la indignación de los populares y le dio luz verde a Aníbal para atacarla sin contemplaciones, porque fue ella la que inició la andanada.

Si la comisionada residente hubiese mantenido un debate de ideas y se hubiese comportado como toda una congresista incumbente que está al frente en las encuestas —ignorando los ataques y concentrando en sus resultados—  hubiera desarmado a Aníbal, quien difícilmente la hubiese podido atacar para no lucir agresivo e inefectivo.

Pero fue Jenniffer, irónicamente, quien le cuadró el debate a Aníbal. La persona que vimos en vivo, era la misma comisionada que contaba con un arraigo sólido fuera de su partido; era la figura que se había proyectado por meses y de forma exitosa, como una persona de unidad, prudente y con temple; y era la figura que todos daban por segura.

Pues resulta que, de momento, la comisionada incumbente que estaba segura de su triunfo, la vimos transformarse en la antigua portavoz del PNP en la Legislatura, actuando como si estuviera en un debate en el hemiciclo de la Cámara o en un mitin de barricada. 

Ese primer zarpazo del debate, abrió la puerta al tiroteo y sentó el tono para que los demás contendientes pudieran ripostar —al mismo nivel y con el mismo trato— de la misma forma en que ella comenzó su alocución. Y eso, increíblemente, solo le tomó 30 segundos.

Su segundo error en el debate se dio en los ataques y contraataques en el turno del famoso juicio. Fue lastimoso ver cuando ella, de forma destemplada y señalando al rostro de un exgobernador, hizo referencia innecesaria a la familia del exmandatario en donde hay, al menos, tres personas ya fallecidas que no se pueden defender.

Esa se le quemó. Eso fue un golpe bajo, irrespetuoso e injustificable. Sencillamente, Jenniffer perdió la tabla.

En términos sustantivos, en el tema de la economía salió a relucir que el proyecto de incentivo federal de la comisionada no provee un trato especial para Puerto Rico, sino que nos pone a competir en igualdad de condiciones contra los 50 estados.

También quedó como defensora de las leyes de cabotaje y de Donald Trump. En resumen, ese turno completo, fue fatal para la comisionada.

En el tema de salud, la pérdida de $1,000 millones de Medicaid y la aseveración de que esos fondos eran excesos, la persiguen sin cesar; en el turno de infraestructura, le fue difícil de explicar cómo los fondos no acaban de desembolsarse; y, en el turno de estatus, sus dos proyectos que proponen el territorio incorporado sin representación, no pudieron explicarse.

Un dato interesante del debate, fue que el País se enteró que hay tres estadistas en esa papeleta, incluyendo a dos excolaboradoras de la administración del gobernador Luis Fortuño, mientras se aplicaba la Ley Núm. 7.

Este último asunto provocará que muchos electores de diversos partidos minoritarios voten por Aníbal, porque las candidatas a comisionada residente del Partido Nuevo Progresista, el Movimiento Victoria Ciudadana y el Proyecto Dignidad, son estadistas y votarán por el Sí.

Por esa razón, los electores del MVC y PD que van a votar por el No, difícilmente puedan conciliar en las casetas de votación, el dictamen de sus conciencias que tendrán que decidir si van a respaldar a una candidata estadista que va a cabildear en contra de sus creencias. Dudo que lo hagan.

Por último, soy de los que piensan que después de este debate —donde Aníbal prevaleció— los populares saldrán combativos y deseosos de derrotar al PNP, por lo que bajarán masivamente con un voto íntegro para lograr un cambio completo y no a medias.

No hay duda, ha comenzado la virazón.